Al interior del país, el folklore argentino nunca volvió, simplemente, porque nunca se fue. Es una parte inextirpable de sus paisajes y sus costumbres. Es una construcción diaria muy representada en la música nativa. En Buenos Aires, en cambio, mostró oleadas que tuvieron que ver con distintas marejadas. El adelantado Andrés Chazarreta, las peñas de los Abalos, la camada de chamameceros de la década del sesenta. Los estudios de grabación porteños que resultaron un imán para folkloristas, el denominado folklore joven y el ciclo anual Músicas de Provincia, entre otros. Hoy se puede ver una oleada que va desde grandes festivales al aire libre, como República Folklore, que se realizará el 21 y el 22 de noviembre; o La Porteña, que tendrá lugar el 12 de diciembre, a propuestas de streaming, encuentros que se sostienen con el paso de los años y ciclos de música popular como Ritual Criollo, en salas más pequeñas.La Sole, uno de los nombre fuertes del festival República Folklore(Foto: Instagram @sole_pastorutti)Las peñas, los ciclos y los festivales de música que actualmente se programan tienen su origen en múltiples factores. El festival República Folklore se realizará en el Parque de la Ciudad y reunirá en varios escenarios a más de cincuenta artistas: Soledad, Abel Pintos, Los Nocheros y el Chaqueño Palavecino, a Peteco Carabajal, el Dúo Coplanacu, Los Tabaleros y Teresa Parodi, entre otros.La difusión que se hizo de este festival, cuando se presentó su grilla diaria, vino acompañada por un informe de Spotify que refería al crecimiento de esta música popular. “El nacimiento de República Folklore coincide con un momento de gran crecimiento para el género -dice el comunicado-. Según datos de Spotify, el folklore argentino registró un crecimiento del 85 por ciento entre 2020 y 2025, mientras que las reproducciones aumentaron un 1.645 por ciento entre 2015 y 2025. Además, más de 16,5 millones de playlists creadas por usuarios de todo el mundo incluyen folklore argentino, mientras que la Generación Z incorpora cada vez más al folklore como parte de su identidad musical, demostrando que tradición e innovación pueden convivir dentro de un mismo universo de escucha”.Hay otros emprendimientos que este nuevo boom por el folklore posibilitó. Tal el caso de La Porteña, proyecto creado por dos porteños fanáticos del folklore, Daniel Dartiguelongue y Bautista Bourdieu. Los Tabaleros, en el Festival La Porteña de 2025“Con mi primo Bauti teníamos un grupo de folklore y al final de cada show agregábamos un poco de baile, que no era el típico de las peñas folklóricas de acá. Había una necesidad de una juventud que quería compartir el clima de peña y luego el de cualquier otra noche de Buenos Aires”, explica Daniel, quien en menos de dos meses producirá la segunda edición del Festival La Porteña, en el Hipódromo de Palermo. Próximamente se conocerá la grilla artística y la manera de conseguir las entradas.“Mucha gente viene del interior a estudiar en Buenos aires y encontró en La Porteña a la peña folklórica y luego [ya en la trasnoche] el boliche bailable. Empezaba con folklore y luego de los grupos el DJ enganchaba con música para los que no son tan del folklore. Era un lugar para encontrarse con gente que estaba en la misma que vos”.Comenzaron hace casi una década en salas chicas. Al año siguiente produjeron un festival para 2500 personas en el Palacio Alsina. También armaron sus fiestas en Museum y el Planetario. “A la vez, nacieron otras peñas con la misma lógica, como La Tincho Fierro o tomaron auge otras que ya existían, como Tamarisco Bar, peña y cachengue. Muchos empezaron a ver lo sano que es el encuentro a través del folklore, eso es lo que terminó atrayendo a la gente. Siempre vimos que en en el interior pasaba algo con el folklore que no pasaba acá. ¿Por qué no? Si acá ha gente del interior, de paso o radicada. Por eso apostamos a hacer cosas cada vez más grandes”.Los primos y socios crearon ciclos como Sapucay, Grito de Fiesta, que se realiza un par de veces al año (marzo y julio), en Groove, y capta tanto al público de Buenos Aires como el que se acerca en época de exposición Rural (en los 10 encuentros realizados entre 2025 y 2026 convocaron a 18.000 asistentes. “La gente termina viendo que el lugar tiene corazón y no es algo transaccional. Hoy La Porteña es comunidad, más allá de quien toque”, agrega.Una de las características que se resaltan en los ciclos de Groove es que las estéticas folklóricas que abarcan pueden ser de lo más amplias. De Sele Vera y Flor Paz a Los Tabaleros, el Dúo Coplanacu y el payador Nicolás Membriani. A finales del último año realizaron el primer Festival La Porteña ante 10.000 personas, en el Hipódromo de Palermo. Ahora van por el segundo, el 12 de diciembre.La escena tiene muchos otros matices. Desde las comidas de las peñas La Paila y La Morena a proyectos de streaming. El último año, luego de pasar por el ciclo FA!, Milo J le propuso al su anfitrión, Mex Urtizberea, crear FAlklore! con el mismo formato, pero ceñido al folklore como foco temático. Implicó un show en el Movistar Arena y dos grabaciones de las Sesiones Falklore!De guitarreadasDe lo masivo a lo intimista, el abanico es amplio. Buscando en el detalle, se pueden encontrar ciclos exquisitos de folklore o música popular de raíz en las propuestas de Los Galgos, en Hasta Trilce, una sala imprescindible de Buenos Aires, o en el Patio de Ciudad Cultural Konex donde, eventualmente, la estética fabril que la enmarca vibra al pulso de zambas o chacareras. Semanas atrás, se celebró en dos funciones los dos años del exquisito ciclo Ritual Criollo, del Bar Los Galgos (Callao 501), donde estuvieron recientemente Juan Falú y el dúo de Micaela Vita y Juan Saraco.Juan Falú, de guitarreada en el bar Los GalgosSoledad Aznarez“Desde su nacimiento, Ritual Criollo se propuso recuperar un espacio que parecía cada vez más difícil de encontrar en Buenos Aires, un lugar donde los músicos pudieran estar sentados cerca del público para generar esas misas de las guitarreadas, donde las canciones pasan de una guitarra a otra, de una voz a otra, y distintos repertorios se mezclan”, dice Gabriel Plaza, periodista y curador artístico de este ciclo junto a Claudia Regina Martínez. “Los amigos que aparecen como invitados y la frontera entre escenario y público prácticamente desaparece. Esa atmósfera de intimidad y cercanía fue una de las claves que convirtió al ciclo en un punto de encuentro para distintas generaciones de artistas de la música de raíz”, completa.Otro de los espacios que con los años se tornó imprescindible es La Peña de los Abrazos, del Ecunhi, en Avenida del Libertador 8151. “La Peña de los Abrazos nace como un lugar para el encuentro, para compartir, participar, escuchar, disfrutar, bailar, cantar y resistir”. Esa es su carta de presentación, que durante una década se puedo confirmar en cada encuentro.El adelantado y los peñerosEn 1921, Buenos Aires recibió al adelantado Andrés Chazarreta que trajo sus espectáculos de danzas folklóricas al teatro Politeama. Décadas después,los Hermanos Abalos abrieron su peña Achalay, en el sótano de la confitería Versalles, en Santa Fe y Paraná. A partir de la década del 50 recibió a los grupos folklóricos que se convirtieron en clásicos (cuatro cantores con tres guitarras y un bombo) que tuvieron a Los Chalchaleros como grandes referentes. Por esos años, llegaba al barrio de La Boca una muy chamamecera camada de compositores e intérpretes del Litoral (Ramona Galarza, Ernesto Montiel, Isaco Abitbol). Porque el chamamé estaba instalado en las costumbres de todos esos “anónimos” que migraban en busca de trabajo y terminaron afincados en lo que hoy llamamos AMBA; detrás de ellos también llegaron todos aquellos grandes artistas. Ya en la década del 60, Buenos Aires le ponía el oído a los grandes festivales que se multiplican y crecían en todo el interior (especialmente los cordobeses, como el de Cosquín) y atraía a sus artistas para que grabaran sus discos en estudios porteños. Por ese tiempo, para hacer carrera era más fácil si se ponía un pie en la capital argentina. Buenos Aires funcionaba como una especie de amplificador; por sus estudios de grabación y sellos discográficos, por sus canales de televisión, por sus emisoras de radio. Los Hermanos Abalos y la típica postal de un cuarteto folklórico clásicoArchivoLos años del “folklore joven”Una oleada similar fue la de la década del 9, cuando los festivales se llenaban de cazatalentos discográficos y esos sellos que habían dejado de publicar álbumes folklóricos encontraban una nueva etiqueta: “folklore joven”. Lo cierto es que jóvenes eran sus intérpretes, como Soledad, Luciano Pereyra, Abel Pintos; no el folklore. Sí es cierto que hubo quienes se arrimaron porque escucharon un bajo y una batería en canciones folklóricas. Y en esto tuvieron bastante que ver Los Nocheros. Aunque si salimos de lo que fue la masividad de algunos artistas y los contratos con discográficas multinacionales, es justo decir que a nivel estético, la renovación comenzó en los ochenta, con Chango Farías Gómez, Peteo Carabajal y el grupo MPA, con Cuti y Roberto Carabajal, con Ica Novo y el gran Raúl Carnota; con el encuentro bautizado Alternativa Musical Argentina impulsado desde Paraná por el grupo Magma, que reunía a muchas otras expresiones de la música popular de raíz folklórica que no navegaron por el andarivel de la masividad. Dentro de esa línea, entre finales de los 90 y la primera década del siglo XXI, la Escuela de Música Popular de Avellaneda se convertía en un gran semillero de talentos y Buenos Aires se llenaba de peñas. Nostalgia de los habituésLos memoriosos que fueron habitués recordarán cada una y hasta sus direcciones. La Peña del Colorado (Güemes 3657), Del Abasto (Anchorena y Pje. Carlos Gardel), La Señalada (Carlos Calvo 3891), Lo de Pueyrredón (Armenia 1378), Sonckoy Carabajal (Perón 2543), Peña de la Ribera (Rodríguez Peña 1485, San Isidro), La Resentida (Colombres 767), El Desalmadero (Scalabrini Ortiz 670), La Eulogia, (Chacabuco 874), o La Paila (Costa Rica 4848), que funciona hasta el día de hoy. Mercedes Sosa y León Gieco, en el Encuentro Músicas de Provincia, de 2006SOLEDAD AZNAREZPor esos años se realizaba un ciclo llamado Músicas de Provincia, una iniciativa de la cantante María de los Ángeles Ledesma, que tuvo eco en el espacio BAM (del gobierno porteño) para convertirse en un festival anual, que servía de vidriera de aquella cantera de artistas del interior y también de Buenos Aires. Ese fue el momento en el que la ciudad había establecido su propia dinámica y personalidad, para cobijar y producir música de raíz folklórica.
El boom del folklore en Buenos Aires: grandes festivales, streaming, peñas y una tendencia que sigue en alza
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