Hay una Sevilla que todos conocen: la de la Catedral, La Giralda, el Real Alcázar, con calles abarrotadas de visitantes que buscan la postal perfecta. Pero basta desviarse unas pocas cuadras del circuito turístico clásico para encontrar una Sevilla discreta e intimista. Fue justamente así que dimos con uno de esos hallazgos que justifican un viaje: el Palacio de Villapanés, un antiguo edificio del siglo XVIII convertido en hotel, donde incluso la gastronomía se transforma en una puerta de entrada a la cultura andaluza.Desde la terraza del Palacio de Villapanés se ven La Giralda, el célebre campanario de la Catedral de Sevilla y, a la derecha, las torres gemelas y la gran cúpula de la Iglesia Colegial del Divino Salvador, de marcado estilo barroco.Hoy convertido en hotel con una llave Michelin, Villapanés revela una Sevilla íntima, donde la historia sigue viva y habitada.Construido en 1729, este palacio es una de las expresiones más refinadas del barroco sevillano del siglo XVIII. Siguiendo la tradición, la fachada tiene pocas sorpresas: la riqueza se reserva para el interior.JOSE PARREÑODesde 2009, el Palacio está protegido como Bien de Interés Cultural de la ciudad de Sevilla y conserva gran parte de sus elementos arquitectónicos originales, algo que se percibe no bien se atraviesa el zaguán.El zaguán marcaba el paso entre el mundo exterior y la intimidad del palacio. Su escalinata de mármol rojo, sus columnas, arcadas y delicada herrería conservan la monumentalidad original.El patio andaluz es, ante todo, una forma de habitar adaptada al clima del sur de España. Más allá de sus columnas y azulejos, tiene un microclima propio y un carácter introspectivo que marcan la organización de la vida doméstica.La construcción sigue el tradicional esquema de la casa-palacio sevillana. Detrás de una extensa fachada se suceden espacios pensados para la vida aristocrática de la época: el zaguán, las antiguas cocheras, las galerías y los distintos cuerpos del edificio que se articulan alrededor de un gran patio central y un jardín posterior. Los miradores de dobles arcadas sostenidas por columnas, las alturas generosas y la elegante secuencia de patios permiten entender una residencia concebida como símbolo de prestigio y poder.Restauración sensibleLa restauración convirtió el antiguo palacio en un hotel de lujo sin borrar su memoria. Los techos altos, las columnas de mármol, los patios interiores y la monumental escalera dialogan con intervenciones contemporáneas discretas que respetan el espíritu original del edificio. Es en este escenario donde encontramos otro de los grandes atractivos del lugar: la cocina de Jorge Cortés.La puerta de motivos geométricos con una cruz en cada panel no necesita más compañía que las paredes estucadas.Es en uno de los salones del palacio donde funciona Los Rincones del Marqués, el restaurante que termina de dar sentido a la experiencia con una propuesta que busca recuperar aquella Sevilla antigua que actuaba como puerta de entrada de saberes, productos y culturas llegadas de todos los rincones del mundo. Detalle de un postigo con clavos de bronce en Los Rincones del Marqués, el restaurante que aspira a recrear el histórico espíritu cosmopolita de Sevilla sin perder anclaje en la identidad andaluza. El chef Jorge Cortés en uno de los rincones más encantadores del palacio: el Patio de las Conchas, bautizado con ese nombre por su pared de rocalla, un gesto clásico de la estética rococó, hecha con caracoles, piedras porosas y otras más brillantes sobre una base de yeso y arena.“En este lugar me resulta fácil imaginar aquella ciudad que durante siglos recibió influencias de África, Oriente y América. Sevilla siempre fue un lugar de intercambio. En Villapanés, esa vocación hoy se expresa, también, a través de los sabores”.Crema de langostinos rojos con pulpo grillado, un plato del menú actual ideado por Jorge Cortés.Más situaciones de disfruteLa antigua bodega del palacio se restauró para convertirse en espacio para eventos y, también, para el desayuno de los huéspedes.Detalle de la ambientación con lámparas amuradas de estilo oriental, sillas de perfil gótico y un mural que evoca tierras exóticas. Mundos distantes, en armonía.En el bar junto al Patio de los Naranjos, piso con marquetería de inspiración árabe y una instalación de sombreros sevillanos en cajas de acrílico.Estudio AliakarLa arquitectura original dialoga con intervenciones contemporáneas muy discretas que respetan el espíritu original del edificio; la sensación de estar dentro de una página de la historia de Sevilla, con las comodidades del presente.El Patio de los Naranjos del Palacio de Villapanés, versión nocturna.
Visitamos el Palacio de Villapanés, una de las expresiones más refinadas del Barroco sevillano
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