Tras ser diagnosticada con cáncer, se compró un colectivo y lo dejó todo para irse a vivir a las Sierras de Córdoba, donde encontró lo que buscaba

Tras ser diagnosticada con cáncer, se compró un colectivo y lo dejó todo para irse a vivir a las Sierras de Córdoba, donde encontró lo que buscaba

A veces, una experiencia inesperada puede cambiar por completo el rumbo de una persona. Eso fue lo que le ocurrió a Ina de la Serna, una mujer oriunda de Saladillo, provincia de Buenos Aires, que a los 29 años recibió un diagnóstico de cáncer mientras acompañaba a su madre, quien también atravesaba una enfermedad oncológica. Aquella situación marcó un antes y un después en su vida y la llevó a replantearse sus hábitos, sus prioridades y el lugar donde quería vivir.“Soy Ina, tengo 37 años y nací en Saladillo, provincia de Buenos Aires. Hoy me dedico a compartir talleres de alimentación viva y fisiológica; y también acompaño procesos de personas que quieren cambiar de alimentación y no saben bien por dónde empezar”, reveló la mujer en diálogo con el canal de YouTube Crónicas del Cambio - De Música Rutera. “Antes era una chica que se fue del pueblo a estudiar Bellas Artes. Viví siete años en La Plata y estudié profesorado en Artes Plásticas. Después hice la licenciatura y luego ya empecé a viajar. Más o menos a los 24 me recibí y me fui a vivir a Nueva Zelanda. Estuve un año y medio por el sudeste asiático y la India. Y cuando volví a Argentina ya estaba muy cambiada”, recordó sobre la transformación que le generó viajar por el mundo. Ina vive actualmente en la provincia de Córdoba(Foto: Instagram @vivo.alimentomedicina)“Volví a mi pueblo natal y me absorbió la docencia, me puse el guardapolvo y fui docente de hasta siete escuelas, dando artes plásticas. Me compré un autito e iba a las escuelitas rurales. Tenía un taller de arte también. Me gustaban los chicos y el compartir, pero sentía que algo dentro de mí se apagaba, porque yo quería seguir viajando. Y con esa frustración que iba amasando en el pueblo, vino un síntoma que me hizo cambiar los planes” recapituló.El primer golpe llegó cuando su madre, que tenía 54 años, fue diagnosticada con un cáncer agresivo. En medio de la preocupación por su salud, Ina comenzó a interesarse por la alimentación y su posible relación con el bienestar físico. Sin embargo, pocos meses después recibió una noticia que nunca había imaginado: ella también tenía cáncer.Ina vive en un colectivo en Córdoba, con el que viajó por distintas provincias(Foto: Instagram @vivo.alimentomedicina)“Bueno, ahí me dije a mí misma que ya tenía las herramientas para mejorar mi alimentación y poder empezar a sanar. Dejé las harinas, los lácteos, los refinados, para empezar a pasarme a lo integral. Y después también busqué carnes que procedieran de pasturas. Empecé a comer mejor y mi cuerpo respondió muy bien. Incluso, hice el tratamiento de quimioterapia y mi cuerpo también respondía a eso muy bien. No me descomponía, pero sí bajé mucho de peso porque me estaba desinflamando y hubo una desintoxicación en mi cuerpo”, explicó sobre los duros meses que vivió. Tras perder a su madre y finalizar su quimioterapia, Ina sintió que necesitaba alejarse de su rutina para comenzar de nuevo. Su primera decisión fue viajar sola a Australia, donde permaneció durante un año. Al regresar a la Argentina, eligió continuar aprendiendo sobre alimentación y se trasladó a Córdoba. “Sentía que me quedaba mucho por aprender. Me había ido a Australia con la sensación de que iban a estar mucho más avanzados que nosotros en todo esto de la alimentación y me di cuenta de que no”, analizó. Así es el interior de su vivienda(Foto: Captura de pantalla de YouTube)Al volver pensó en comprarse un colectivo para transformarlo en una casa rodante y con él logró finalmente encontrar un rumbo en su vida. “Con plata que tenía, le dije a mi papá si quería ir conmigo al norte y, cuando estábamos viajando, pongo en Mercado Libre: ‘Motorhome Mercedes-Benz’. Y el primero que me sale fue el que tengo hoy. En un barrio que se llamaba ‘El peligro’ en La Plata, lo probé y me lo llevé. Pero llegó la pandemia y el bondi quedó sin usar. Entonces, cuando pasa la pandemia, me escribe una amiga francesa y me cuenta que estaba viviendo en Villa Las Rosas y si quería empezar a vivir con ella en mi motorhome. Y yo estaba media que necesitaba un rumbo y me vine”, aseguró. Antes de partir, comenzó a transformarlo por completo: le cambió los opacos asientos de colectivo por un sector de descanso, un área para practicar yoga, un sector de cocina con heladera incluida y un cuarto con cama de dos plazas y aire acondicionado. “Tengo todo lo que necesito para vivir y más”, remarcó.

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