Stellantis estrenó una versión limitada de la RAM Dakota, la primera pickup de la marca en fabricarse en la Argentina

Stellantis estrenó una versión limitada de la RAM Dakota, la primera pickup de la marca en fabricarse en la Argentina

El nombre Dakota tiene una larga historia en nuestro mercado. Dodge lo trajo por primera vez a la Argentina en los años 90, con unidades importadas desde Estados Unidos de aquella pickup mediana nacida en 1987. Más adelante, entre 1998 y 2001, una segunda generación llegó a fabricarse en Campo Largo, Brasil, hasta que la fusión de Daimler y Chrysler discontinuó el programa en la región. Stellantis decidió desempolvar la denominación en 2024, cuando anunció una inversión de 385 millones de dólares para reconvertir su planta de Ferreyra, Córdoba —hasta entonces dedicada solo a la fabricación del Fiat Cronos— en un polo de camionetas que hoy produce tanto la Fiat Titano como a esta RAM Dakota, su hermana mecánica y el primer modelo de la marca del carnero fabricado en el país. Con ella, RAM ingresó de lleno al segmento más disputado del mercado argentino, donde compite contra rivales de enorme trayectoria. La gama arrancó con las versiones Warlock y Laramie, y ahora suma una tercera variante, la Laramie Night Edition, con un tratamiento estético más oscuro y deportivo sobre la base de esta última. Estas fueron nuestras impresiones. Esta Night Edition mantiene la silueta ya conocida de la Dakota —trompa robusta, perfil voluminoso pero estilizado y una parte trasera simple y al estilo tradicional— pero le suma un tratamiento oscurecido en varios puntos: llantas, parrilla y emblema delantero, espejos laterales, paragolpes delantero, estribos y hasta la manija y el logo del portón trasero tienen un tratamiento especial que sirven para distinguirla. Las manijas de las puertas, los paragolpes traseros y los guardabarros, en cambio, siguen en color carrocería, lo que genera un contraste que le da personalidad propia dentro de la gama. A esto se suma un color exclusivo para la versión, Tempest Blue, que es realmente muy atractivo y que le encaja a la perfección. El resto del equipamiento exterior permanece inalterable: grandes ópticas con iluminación full LED, las llantas de aleación de 18” con neumáticos 265/60 y otros detalles se mantienen sin cambios respecto de la Laramie convencional. En dimensiones, sigue también invariables y las ubica entre las más grandes del segmento: 5,356 m de largo, 1,965 m de ancho, 1,822 m de alto y 3,18 m entre ejes, con un despeje de 228 mm y ángulos de entrada y salida de 27,6° y 26,7°, que le permiten moverse sin sobresaltos por caminos de tierra, ripio o barro. Puertas adentro no hay modificaciones respecto de la Laramie que ya conocíamos: muy buena calidad de materiales (cuero, plásticos de tacto suave) y terminaciones; una posición de manejo alta y cómoda, con butacas que sujetan bien el cuerpo, y una propuesta tecnológica dada por el instrumental digital de 7” y la central multimedia de 12,3” (compatible con Android Auto y Apple CarPlay mediante Bluetooth o toma USB). Adelante el espacio sobra, mientras que atrás alcanza justo para dos adultos (algo bastante común en las chatas de este tamaño). En cuanto al equipamiento, la dotación es muy completa: cámara de 540° con vista 3D, sensores de estacionamiento en ambos extremos, arranque por botón, cargador inductivo de celulares, climatizador bizona, tapizados en cuero ecológico, butacas delanteras con ajuste eléctrico, consola central de doble altura con salidas USB A y C, y sistema de audio con seis parlantes, entre otros. En seguridad la dotación es súper completa: 6 airbags, anclajes Isofix, frenos a disco con ABS y EBD en las cuatro ruedas, controles de estabilidad y de tracción, asistencia de arranque y descenso en pendiente. Y, además, cuenta con un paquete de ADAS entre las que se encuentran control de velocidad crucero adaptativo, frenado autónomo de emergencia, asistente de mantenimiento de carril, detector de punto ciego, monitos de presión de neumáticos y alerta de tráfico cruzado. Probada y conocida Bajo el capot repite el motor turbodiésel de 2.2 L, 4 cilindros en línea y 16 válvulas (el mismo que monta el resto de la gama y que comparte con el Fiat Titano), que genera 200 CV a 3500 rpm y 45,9 kgm (450 Nm) de par desde las 1500 rpm, anexado a una caja automática ZF de 8 velocidades; la tracción es 4x4 desconectable con reductora y bloqueo de diferencial trasero. Es un conjunto que le queda justo, con potencia y par similares a los que se ven en otros modelos del segmento, pero sin llegar a deslumbrar. Se nota una entrega de potencia paulatina y las reacciones son muy buenas gracias a los 450 Nm desde tan abajo en el tacómetro. La aceleración de 0 a 100 km/h demandó 9,9 segundos, la elasticidad de 80 a 120 km/h se resolvió en 8,2 segundos y la velocidad máxima alcanzada fue de 182 km/h, con un consumo promedio de 9,3 L/100 km en uso mixto (ciudad y autopista a 130 km/h). Son números correctos para la categoría, aunque no destacan frente a otras pickups del segmento. El confort de marcha es uno de los puntos más altos del modelo: la puesta a punto de las suspensiones (con desarrollo local) y una insonorización superior a la media hacen que viajar en ella sea gratificante. Dinámicamente se comporta con solidez: buen apoyo en curvas, poco balanceo de carrocería y mucho aplomo a velocidad de ruta. Por Diego Cúneo

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