Cada vez más presente en las rutinas de entrenamiento actual, el trabajo sobre plataformas elásticas se posiciona como una de las alternativas más completas para entrenar a alta intensidad sin resentir la estructura corporal. De esta manera, el minitramp o rebounding combina el trabajo aeróbico con los beneficios de un rebote controlado a través de una secuencia de movimientos rítmicos ejecutados sobre un minitrampolín.Surgió en la década de 1980 en Estados Unidos y poco a poco ganó popularidad gracias a su capacidad para quemar grasas, tonificar y adaptarse a distintos espacios con un equipamiento reducido.Desde el punto de vista anatómico, el tren inferior asume el rol protagónico: los cuádriceps, los isquiotibiales y los gemelos se tensionan en cada fase de empuje, mientras que los glúteos trabajan activamente en la estabilización de la pelvis. En paralelo, la zona media o core funciona como el centro de gravedad indispensable que garantiza el equilibrio y la fluidez del movimiento.La clave radica en que la elasticidad de la plataforma absorbe gran parte de la desaceleración, evitando el impacto que suele castigar a las articulaciones.“Una clase de rebounding -también denominada minitramp o jumping-, suele durar entre 30 y 45 minutos y en mi propuesta de trabajo se combina con entrenamiento funcional”, explica Romina Galanti, especialista en neurociencias aplicadas al movimiento, mindfulness y entrenadora especializada en conciencia corporal, que integra en su labor el entrenamiento físico y la regulación del sistema nervioso.En esta práctica, la elasticidad de la plataforma absorbe gran parte de la desaceleración, evitando el impacto que suele castigar a las articulacionesFOTOGRAFÍA ILUSTRATIVA: FREEPIKLa estructura de la sesión está cuidadosamente planificada para cuidar la fisiología de los alumnos: “Los primeros 8 a 10 minutos están destinados a una entrada en calor progresiva comenzando con movilidad articular y ritmo leve, incorporando gradualmente movilidad de los brazos y desplazamientos. También es un momento importante para registrar el tono de la musculatura abdominal y empezar a reconocer la respuesta de la tela del trampolín en cada salto. Luego aumentamos gradualmente la intensidad, acompañando con la velocidad de la música. Finalmente disminuimos la intensidad para favorecer la recuperación y volver a un estado de calma”, resume Galanti.El trabajo es intermitente, ya que alterna momentos más intensos con periodos de recuperación activa, lo que permite trabajar eficazmente el sistema cardiovascular y respiratorio, además de la coordinación, el equilibrio y la adaptación motora.“Comencé a saltar en 2010 y me atrapó desde el comienzo porque tiene algo muy particular: vacía la mente de todos tus problemas, te pone en el aquí y ahora y por un rato solo existe saltar. Aunque durante el ejercicio el organismo aumenta su nivel de activación, la diversión y la conexión con el movimiento son el eje. La combinación de música, movimiento y atención nos ancla al presente y puede contribuir a disminuir el estrés”, asegura Galanti.“Siempre explico que lo importante es disfrutar. Si un movimiento no sale o la intensidad es demasiado alta, se vuelve a una marcha en el trampolín para reanudar luego el ritmo de la clase. Durante toda la actividad observo no solo cómo se mueve la persona, sino también cómo está viviendo la experiencia, su respiración y sus signos de fatiga, y en función de eso voy reorganizando la propuesta, sin perder de vista al resto del grupo”, precisa la entrenadora.Beneficios y recomendaciones cardiovascularesMás allá del entusiasmo en el gimnasio, el impacto sobre el sistema circulatorio y el corazón cuenta con el respaldo de la ciencia médica. El Dr. Ulises Godoy, cardiólogo, analiza los efectos directos que genera esta práctica regular sobre la salud hemodinámica.“El rebounding, realizado de manera regular y con una intensidad progresiva, constituye una forma de ejercicio aeróbico que puede generar adaptaciones cardiovasculares favorables. Desde el punto de vista hemodinámico, el entrenamiento sostenido favorece una mejor regulación de la presión arterial, disminuyendo especialmente la presión arterial sistólica y diastólica en personas que inicialmente presentan valores elevados o factores de riesgo cardiovascular. En un estudio de 12 semanas realizado con mujeres con sobrepeso, se observó una reducción de la presión arterial de aproximadamente 128/80,5 mmHg a 123/71 mmHg, acompañada de un incremento de la capacidad funcional y del VO₂máx (o consumo máximo de oxígeno) “, destaca Godoy.El rebounding se realiza sobre un mini trampolín individualFOTOGRAFÍA ILUSTRATIVA: PEXELSAsimismo, subraya las adaptaciones positivas que experimenta el músculo cardíaco a partir de este estímulo:“Fundamentalmente lo que produce es una mejora de la capacidad funcional cardiovascular: el corazón puede realizar el mismo trabajo con una respuesta más eficiente, aumentando la capacidad de transportar y utilizar oxígeno durante el ejercicio. Incrementa el VO₂máx, lo que constituye un indicador objetivo de mejoría de la capacidad aeróbica. Por lo tanto, desde la cardiología, considero que el principal beneficio del rebounding regular es mejorar la eficiencia cardiovascular, favorecer el control de la presión arterial y aumentar la capacidad funcional, siempre que la actividad se realice de manera progresiva y adecuada a la condición física de cada persona”.A la hora de abordar los controles previos para dar inicio a la actividad, el Dr. Godoy señala que no existe la indicación de realizar sistemáticamente una serie de estudios cardiológicos a toda persona sana que quiera comenzar rebounding. “La evaluación debe individualizarse según edad, antecedentes cardiovasculares, nivel previo de actividad física, síntomas y la intensidad que se pretende alcanzar”, apunta.En ese sentido, considera realizar inicialmente una evaluación clínica que incluya antecedentes personales y familiares, factores de riesgo cardiovascular, examen físico y medición de la presión arterial.“El electrocardiograma de reposo puede ser particularmente útil cuando existen antecedentes, síntomas o factores de riesgo que lo justifiquen. En pacientes con enfermedad cardiovascular conocida o síntomas como dolor torácico, disnea desproporcionada, síncope, palpitaciones o una capacidad funcional reducida, la evaluación debe ser más completa y puede incluir ecocardiograma Doppler y prueba de esfuerzo (ergometría) según el criterio médico. Es importante realizar una valoración cardiovascular cuando existen factores de riesgo, antecedentes o síntomas. Y si se pretende practicarlo a una intensidad elevada o como actividad de alto rendimiento, la evaluación cardiológica debe ser proporcional a esa exigencia”, concluye.Por Alejandro Rapetti
Rebounding: la tendencia de bajo impacto que transforma el entrenamiento aeróbico
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