A las cuatro de la mañana, del otro lado del huso horario y mientras Ramona, Santa Fe, todavía duerme, Julia Porporato, de 31 años, ya está de pie para comenzar el primer ordeñe del día en un tambo del estado de Victoria, Australia. La santafesina, que nunca había trabajado en el campo, dejó la Argentina junto con su novio, pasó por Italia y llegó al país oceánico, donde hoy trabaja en un establecimiento lechero con unas 700 vacas y descubrió una actividad que, pese a haber crecido en un pueblo rodeado por la producción agropecuaria, jamás había imaginado para su vida.Sin filtros, cuenta que cobra 33 dólares australianos por hora por trabajar 44 horas semanales en el campo, con jornadas que habitualmente se extienden entre ocho y nueve horas, pausas obligatorias y tiempos de descanso que, según relata, forman parte de la dinámica cotidiana del establecimiento.“Me hubiera encantado crecer en el campo en la Argentina”, resume sobre su experiencia. Hace apenas unos años, una escena semejante le habría resultado completamente ajena a lo que vive. “Yo no sabía distinguir un pollo de una gallina”, dice entre risas.Julia Porporato y Javier Pedrotti cuentan cómo aprendieron las tareasSi bien se crio en un entorno productivo y su casa estaba a poco más de una cuadra de la zona rural, nunca había tenido relación con el campo. “Jamás en la vida. No tenía idea y jamás me imaginé trabajar de esto y que me guste tanto”, cuenta.Estudió Letras en Santa Fe, una carrera que terminó aunque nunca ejerció. Después comenzó Informática y, cuando la pandemia la obligó a regresar a Ramona, hizo cursos de desarrollo web. También daba clases, tenía un pequeño emprendimiento de costura y, sobre todo, trabajaba en el kiosco y el almacén familiar que sus padres habían abierto en 2017. Allí las jornadas podían alcanzar las 12 horas. Atendía clientes, preparaba comidas, manejaba las redes sociales del negocio y compartía turnos con sus padres y sus hermanos.Trabajan en un tambo con unas 700 vacasEl recuerdo que tiene de lo que era la vida de un trabajador rural en la Argentina era lo que veía detrás del mostrador y a lo que entonces prestaba poca atención: los trabajadores rurales que llegaban al negocio después de una jornada en el campo. “Recuerdo cuando iban muchos tamberos o gente que trabajaba en el campo al kiosco totalmente sucios y cansados y ahora yo paso exactamente por lo mismo: soy ellos”, relata.La historia comenzó a cambiar en marzo de 2024, cuando ella tenía 28 años. Junto con su novio, Javier Pedrotti, de 26 años y oriundo de Pueblo Vila, dejó la Argentina y viajó a Italia. El objetivo era conseguir el pasaporte italiano que le permitiría ampliar sus posibilidades de ingresar a Australia. El viaje que debía durar unos seis meses terminó extendiéndose casi dos años por Europa. Trabajaron, ahorraron y finalmente, en noviembre de 2025, viajaron a Australia. La elección del pasaporte tenía una razón concreta: para la visa Working Holiday australiana quienes aplican con pasaporte italiano pueden hacerlo hasta los 35 años, mientras que la visa Work and Holiday disponible para ciudadanos argentinos establece un límite de 30 años al momento de aplicar.Sus jornadas comienzan a las cuatro de la mañanaPrimero vivieron en Griffith, al oeste de Sídney. Después apareció la oportunidad laboral a ocho horas de allí, en Victoria. Hicieron una entrevista virtual para ingresar a trabajar en el tambo. El problema técnico era que su inglés todavía era limitado. Y cuando terminó la conversación, ni siquiera estaban seguros de haber conseguido el puesto. “Le digo a mi novio: ‘Creo que nos fue bien, ya veremos qué nos van a decir’”, recuerda. Habían grabado la entrevista. Cuando volvieron a escucharla descubrieron que el encargado no solo los había contratado, sino que además les había explicado que la casa en la que iban a vivir ya estaba preparada.“El hombre nos dijo que no nos preocupáramos por aprender, sino que era cuestión de práctica una vez que estuviéramos allí. Nos dijo que íbamos a aprender viendo, equivocándonos. Y realmente fue así”, cuenta.Hacen distintas tareas dentro del establecimientoVictoria es el principal estado productor de leche de Australia: en la campaña 2024/25 produjo 5266 millones de litros sobre un total nacional de 8315 millones, según Dairy Australia.El tambo donde están Porporato y Pedrotti, cuenta con un rotary, una plataforma giratoria de 60 puestos, donde se realiza el ordeñe. “Cuando termina esa primera parte de la jornada, alrededor de las 8 u 8.30, aparecen otras tareas. En plena época de nacimientos pueden llegar entre 10 y 15 terneros por día, que deben ser alimentados y atendidos”, describe. Las tareas en el establecimiento también se van rotando. Hacen trabajos de mantenimiento, limpieza, preparación de parcelas o tareas en otro campo de la misma empresa destinado a ganadería. Por la tarde pueden regresar al ordeñe o continuar con el cuidado de los animales. “El trabajo en el tambo es mucho más agotador físicamente, pero estoy más relajada mentalmente. Descansando se me pasa y al día siguiente estoy como nueva”, afirma. Una de las cosas que más la sorprendió fue, precisamente, el ritmo de una vida en el campo. “Yo pensé que iba a llegar acá y iba a estar al palo todo el día”, dice. Pero asegura que encontró otra lógica: “La gente es muy relajada, muy tranquila, respeta los horarios. Todo el tiempo te están diciendo: ‘No te apures, hacelo con cuidado, con tiempo’”.Julia Porporato y Javier Pedrotti en el tambo donde trabajanEsa frase se repite especialmente cuando trabajan con los animales. “Nos dicen: ‘No se apuren, no apuren a las vacas porque se vuelven ariscas’. Como el trabajo se hace tranquilo, los animales van a estar tranquilos”, relata.Pedrotti tenía una ventaja. Su familia posee un campo y él ya había tenido contacto con la ganadería, la siembra y la cosecha. Para ella, en cambio, prácticamente todo era nuevo. “Un día él me dice: ‘¿Te diste cuenta cómo caminan las vacas?’. Me explicó que pisan con las patas de atrás donde habían pisado con las de adelante. Yo literalmente me quedé media hora viendo cómo caminaba una vaca y no lo podía creer”, relata entre risas. Tuvo que aprender a detectar problemas durante el ordeñe, identificar animales bajo tratamiento, alimentar terneros y administrar determinados medicamentos siguiendo los protocolos del establecimiento.El tambo está en Victoria, AustraliaDurante el primer mes, trabajaron acompañados por alguien con experiencia. Las indicaciones se repetían todos los días hasta que podían desarrollar las tareas solos. “Nos iban explicando: cuando la ubre está así, cuando no sale leche de esta teta, se pone esto; se ordeña de esta manera; cuando una teta está lastimada se ponen las pezoneras así. Fue práctica, nos iban explicando día a día”, recuerda. La información de cada animal queda registrada primero en una pizarra y luego se carga en un sistema informático. “No pagamos nada y nos traen hasta la leña para la estufa. La casa está muy linda, es enorme, supercómoda. Hay otros trabajos que capaz hasta te pagan más, pero tampoco me quiero matar por plata. Quiero trabajar y poder disfrutar y saber que tengo dos días libres por semana, viajar y conocer”, cuenta. Sus gastos principales son comida, combustible, productos de limpieza.En el tambo reciben charlas periódicas sobre seguridad. Para ella, esa organización terminó haciendo que un trabajo que inicialmente parecía inaccesible se volviera cotidiano y fácil de hacer. La joven señala que hay algo que ya parece decidido por ambos y es que quieren seguir vinculados con el campo en el futuro. “Tambo o tractores. Siembra, cosecha, lo que sea”, sintetiza. Julia Porporato y Javier Pedrotti trabajan en un tambo en Victoria, AustraliaAustraliaActualidad económicaActualidad
“No sabía distinguir un pollo”: la santafesina que pasó de atender un kiosco a ordeñar 700 vacas en Australia
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