El teléfono vibra, la mano se adelanta al pensamiento y la pantalla captura otra vez el foco mental. Una escena mínima define un fenómeno global. Datos del informe Digital Global Overview Report estiman que los usuarios de internet pasan en promedio más de 6 horas diarias frente a pantallas conectadas. Atención fragmentada, automatismos emocionales y agotamiento cognitivo forman parte de una época que convirtió la distracción en un modelo de consumo.Nicole Vignola observa ese escenario desde la neurociencia. Nacida en Sanremo y criada entre Italia y Sudáfrica, atravesó una infancia marcada por vínculos familiares complejos. A partir de esa experiencia decidió estudiar el cerebro para entender por qué ciertos patrones se repiten incluso cuando generan sufrimiento. Su trabajo cruza hábitos, conducta, plasticidad cerebral e identidad con una mirada precisa, accesible y profundamente humana.-Usted sostiene que convivimos con un “software” mental heredado. ¿Cómo esa programación condiciona nuestras decisiones?-El software que heredamos puede dirigir nuestra vida sin que siquiera entendamos hacia qué lugar nos lleva. El punto central consiste en conocernos profundamente para cuestionar esa programación y decidir si juega a favor o en contra. De otro modo, terminamos viviendo dentro de límites que sentimos predestinados.-Si el cerebro distingue más entre lo repetido y lo infrecuente que entre lo bueno y lo malo, ¿hasta qué punto las decisiones nacen de una elección consciente y cuánto responden a automatismos?-Muchas elecciones están gobernadas por los ganglios basales, una región cerebral que busca ahorrar energía. Gracias a eso, ciertas conductas se vuelven automáticas, desde cepillarse los dientes hasta determinados vínculos o formas de reaccionar. Lo mismo ocurre con las creencias y los patrones emocionales. Una vez que aparece la conciencia sobre esos mecanismos, surge la posibilidad real de transformarlos.-En situaciones de estrés, el cerebro suele elegir el camino más simple. ¿La llamada “falta de voluntad” podría entenderse como una forma de eficiencia biológica?-La voluntad posee límites en todas las personas. Diversos estudios muestran que el control de las decisiones disminuye a lo largo del día a medida que el cerebro se fatiga. Entonces aumentan los impulsos y disminuye la capacidad de sostener elecciones complejas. Esa tendencia puede entrenarse mediante desafíos consistentes y repetidos, aunque muchas veces el cerebro elige lo fácil porque está agotado, más que por ausencia de voluntad."El software que heredamos puede dirigir nuestra vida sin que siquiera entendamos hacia qué lugar nos lleva", dice Vignola-La neuroplasticidad suele presentarse como una promesa optimista. ¿Qué costo emocional implica cambiar de verdad?-Hacerlo implica permanecer más tiempo del deseado dentro de la incomodidad. El cerebro funciona como una máquina de predicción y privilegia aquello que le resulta familiar, incluso si ya dejó de servir. Cuando una persona modifica conductas, rompe sus propias expectativas internas. Entonces aparecen ansiedad, duda o incluso una sensación cercana al duelo. También existe un costo mental. El cerebro debe desactivar patrones automáticos y activar regiones vinculadas al esfuerzo consciente. Resulta agotador al principio. La dimensión identitaria suele subestimarse todavía más. Modificar hábitos implica alterar la idea que alguien tiene sobre sí mismo. Relaciones, sentido de pertenencia y autopercepción muchas veces se construyeron alrededor de viejos patrones. Soltarlos puede sentirse como una pérdida, aún cuando el cambio resulte beneficioso.-Usted habla de “romper el ciclo”. ¿Qué señales permiten advertir un patrón aprendido?- El indicador más claro aparece cuando una conducta se repite sin una explicación profunda. Autosabotaje, relaciones tóxicas o reacciones automáticas suelen revelar aprendizajes inconscientes más que elecciones genuinas. Otra pista surge bajo presión. Cansancio, estrés o activación emocional suelen exponer respuestas aprendidas, como la complacencia excesiva, la evitación o la sobreinterpretación. También importa el lenguaje. Frases como “siempre fui así” o “esa es mi forma de ser” suelen reflejar historias reforzadas por repetición más que verdades definitivas. Desde la neurociencia, aquello que se practica una y otra vez termina sintiéndose identidad.-Si las creencias moldean la percepción de la realidad, ¿qué riesgos aparecen detrás de la idea de que cada persona puede “crear” su vida desde la mente?-El problema surge cuando alguien predice para sí una vida limitada. Si el cerebro cree “eso jamás será para mí”, empieza a filtrar la realidad desde esa expectativa. Entonces aparecen la inhibición, el repliegue o el miedo a actuar. Desde la neurociencia, esto se vincula con el procesamiento predictivo. El cerebro genera expectativas y luego busca pruebas que las confirmen. Así se construyen círculos de profecía autocumplida. Otro riesgo consiste en la sobrerresponsabilidad. Pensar que todo depende exclusivamente de la mente puede generar culpa frente a factores externos que también influyen, como el contexto o el tiempo.El cerebro funciona como una máquina de predicción y privilegia aquello que le resulta familiar, incluso si ya dejó de servirShutterstock AI - Shutterstock-Mucha gente consume contenido sobre cambio de hábitos sin lograr nada duradero. ¿Qué diferencia existe, a nivel cerebral, entre entender un proceso y transformarlo en conducta?-Entender y cambiar pertenecen a sistemas cerebrales distintos. Comprender algo ocurre principalmente en áreas cognitivas superiores. Cambiar requiere que esa información se traduzca en circuitos de acción y repetición. El aprendizaje pasivo produce una ilusión de progreso. Leer o escuchar genera pequeñas recompensas dopaminérgicas, aunque el cerebro apenas conserva aquello que considera relevante para la acción concreta. La neuroplasticidad depende de la experiencia. Repetición, carga emocional y cierto grado de fricción fortalecen conexiones neuronales hasta volver automático aquello que antes exigía esfuerzo.-¿Qué piensa de quienes sienten que intentaron cambiar muchas veces sin resultados? ¿Existen límites concretos para la neuroplasticidad en la vida cotidiana?-Conviene revisar primero qué significa “haber intentado”. Muchas veces aparecen múltiples esfuerzos breves, aunque escasa consistencia real. La plasticidad cerebral responde a reglas claras: repetición, constancia y relevancia. Sin esos elementos, los patrones antiguos conservan ventaja porque resultan más eficientes para el cerebro. También existe un sesgo importante: las personas suelen enfocarse en la distancia respecto del objetivo final y pierden de vista el progreso acumulado. El cerebro detecta más fácilmente lo pendiente que la mejora conseguida.-En términos de identidad, ¿modificar hábitos implica construir una nueva versión de uno mismo o recuperar algo dormido?-Ambas cosas. Cada persona posee capacidades latentes que todavía permanecen poco desarrolladas. A través de nuevos hábitos se construye una versión distinta de sí misma, aunque también reaparecen aspectos que habían quedado ocultos bajo patrones anteriores. La identidad funciona como un marco de posibilidades. Los hábitos luego actúan como evidencia que refuerza esa identidad. El cambio, entonces, se parece menos a convertirse en alguien completamente distinto y más a expandir aquello que ya existía.-El entorno digital estimula constantemente la atención. ¿Qué impacto produce sobre la concentración necesaria para sostener cambios profundos?-El mundo virtual entrena al cerebro para distraerse. Cada notificación y estímulo breve refuerzan ciclos cortos de atención. Así se vuelve mucho más difícil sostener foco, aburrimiento o incomodidad, elementos indispensables para cualquier transformación profunda. El problema actual consiste en competir contra sistemas diseñados específicamente para capturar atención. Entonces la disciplina individual queda debilitada frente a una economía que fragmenta permanentemente el pensamiento.-Si tuviera que señalar un error frecuente en la cultura contemporánea del bienestar, ¿cuál sería?-La industria del bienestar complejizó demasiado algo bastante simple. Muchas personas creen que la salud depende de dispositivos costosos o rutinas inaccesibles, cuando cuestiones básicas como dormir bien, hidratarse, moverse, comer mejor y revisar los pensamientos producen enormes diferencias. Además, aparece mucha vergüenza alrededor del cambio de hábitos. Frente a un tropiezo mínimo, muchísima gente interpreta el error como un defecto personal. Desde el cerebro, esa lógica resulta contraproducente porque la culpa estrecha el foco mental y perpetúa exactamente los patrones que se intentan modificar.La experta decidió estudiar el cerebro para entender por qué ciertos patrones se repiten incluso cuando generan sufrimientoHenrique VeldhoenPor Flavia Tomaello
Nicole Vignola, neurocientífica: “Modificar hábitos implica alterar la idea que alguien tiene sobre sí mismo”
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