La cena: una sátira sobre vencedores y vencidos que encuentra en la risa y la mordacidad su mejor arma

La cena: una sátira sobre vencedores y vencidos que encuentra en la risa y la mordacidad su mejor arma

La cena (idem, España, Francia/2025). Dirección: Manuel Gómez Pereira. Guion: Joaquín Oristrell Yolanda García Serrano y Manuel Gómez Pereira, basado en la obra teatral La cena de los generales, de José Luis Alonso de Santos. Fotografía: Aitor Mantxola. Edición: Vanessa Marimbert. Música: Anne-Sophie Vernsaeyen. Elenco: Mario Casas, Alberto San Juan, Asier Etxeandia, Elvira Mínguez, Antonio Resines. Calificación: R-13. Distribuidora: Mirada Distribution. Duración: 106 minutos. Nuestra opinión: buena.Si hay algo que hereda el cine español de su rica raigambre literaria es una lejana y prolífica historia dentro de la comedia. Desde tiempos de la Comedia Nueva del Siglo de Oro, la honra, el honor y el amor se mezclaban con la sátira social permitiendo lo trágico y, a su vez, lo cómico. Así, en esta película que hilvana con ingenio Manuel Gómez Pereira no pueden olvidarse esas referencias literarias, y mucho menos las cinematográficas de enorme peso en el cine español y donde el recuerdo de Luis García Berlanga sirve para explicitar una estética en la cual el humor continúa funcionando como reflexión moral. Al igual que en buena parte de enormes clásicos del cine español con la firma de aquel inolvidable director, la risa continúa siendo el catalizador del absurdo. De buena forma, y afortunadamente, eso mismo continúa sucediendo con La Cena.Porque el título de este film, que sintetiza aquél de la puesta teatral que tuviera estreno en el sevillano Teatro Lope de Vega en 2008, es el marco concreto de una acción que se desarrolla inmediatamente después de culminada la Guerra Civil Española y comenzada la dictadura de Francisco Franco. Es abril de 1939, y tras el final de la contienda se decide organizar en el selecto Hotel Palace de Madrid una cena en honor “al caudillo” a la que asistirán todos los generales del victorioso bando nacionalista. Pero el problema es que, además de que el antiguo hotel fuera convertido en un hospital de sangre, tampoco hay quien cocine ese singular banquete: todo el personal de cocina del hotel se encuentra tras las rejas por su filiación al bando republicano. Así las cosas, Genaro Palazón, el antiguo conserje del hotel, recibe a un alborotado teniente llamado Santiago Medina quien trae una orden que debe ejecutarse de inmediato, pero para la cual deberán buscar al personal que se encuentra hacinado en las oscuras mazmorras de los recientes vencedores de España. Pero claro, para esos presos de buena cocina, el banquete también es la oportunidad de pensar en una fuga que les permitiría evadirse de la cárcel, o lo que es peor, de una muerte segura bajo el pelotón de fusilamiento.La cena entonces se convierte rápidamente en un vodevil donde, con gracia y elegancia, un extraordinario elenco toca con acierto todos los resortes de la comedia para ilustrar con acidez de paladar, humor negro y coreográfica elegancia aquello que el cine de Berlanga ya había enseñado en plena dictadura franquista: cómo burlarse del sinsentido del poder a carcajadas. Gómez Pereira consigue también desde el hábil manejo del absurdo desenmascarar una situación presa entre la arrogancia y la crueldad con la simple idea de cómo podría ser aquello de “cocinar para el enemigo”.De naturaleza coral, empero el elenco descansa en los diálogos entre Genaro, un conserje que guarda sus secretos bajo llave, y Medina, un teniente que está allí porque ese fue su lugar en la historia. Ellos son Alberto San Juan y Mario Casas, quienes brindan extraordinarias actuaciones y en donde subyacen los mordaces contrapuntos del guion. La fotografía y la dirección de arte contribuyen a una ambientación donde Madrid todavía se encuentra en la ruina posterior a una tragedia que sólo cambiaba de ciclo e iba a durar varias décadas más, pero donde La Cena (como hizo Berlanga con La Vaquilla y Benigni con La vida es bella), permite encontrar entre la risa y la ironía la justicia poética que devuelve el arte cuando desnuda con una feroz sonrisa lo estrafalario del poder.Por Pablo De Vita

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