RÍO DE JANEIRO.– A menos de cinco días del balotaje presidencial de Brasil, tanto el actual presidente y candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inacio Lula da Silva, como el senador y contendiente del Partido Liberal (PL), Flavio Bolsonaro, intentan hacerse con el pequeño número de votantes aún no distribuidos entre ambos apalancándose en una sensación equitativamente distribuida entre los brasileños: el miedo al adversario.Por un lado están las acusaciones al bolsonarismo de querer privatizar las empresas estatales, recortar los beneficios sociales, subordinar la soberanía nacional a los intereses norteamericanos y promover una lógica de “gobierno fascista”. Por el otro, las denuncias al actual mandatario de defender a los criminales comunes y a grupos como el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV), de un gasto desmedido del Estado, de destruir el país y de empeorar la calidad de vida de los brasileños. Así, ambas campañas buscan tocar una fibra sensible del electorado para usarla a su favor el próximo domingo.Flavio Bolsonaro y Lula da Silva se hacen gestos mutuamente durante un debate presidencial televisado, en San Pablo, BrasilAndre Penner - APUna encuesta de Quaest publicada este miércoles explica por qué ambos candidatos apelan a esta estrategia. Ante la pregunta de qué escenario les genera más temor en los comicios, el 44% de los consultados señaló un eventual regreso de los Bolsonaro al poder, mientras que el 42% mencionó una reelección de Lula.Pero en una contienda en la que ambos aspirantes al Palacio del Planalto están en un empate técnico según las encuestas más recientes –como la de Quaest, que ubica a Flavio con un 45% de intención de voto frente a Lula, con el 44%– y que podría definirse ya sea por quienes se abstuvieron de votar en la primera vuelta –cerca del 20% del electorado– o por quienes apoyaron a alguno de los otros candidatos –cerca del 8%– , aún resta por ver cuán útil será esta estrategia.Los miedos de los brasileños“La verdad es que tengo miedo de que gane Bolsonaro, por todo lo que podemos llegar a vivir de un gobierno de extrema derecha. Tengo miedo no solo por los petistas, sino por las minorías. Yo como mujer voy a sufrir mucho si gana”, dijo a LA NACION Giulia, una estudiante de veterinaria de 29 años, mientras pasaba frente al Fuerte de Copacabana.Para ella, un eventual gobierno de Flavio implicaría una posible persecución de los disidentes políticos o, al menos, un discurso exacerbado de odio que incitaría a la violencia contra quienes piensan diferente. Implicaría, también, un retroceso para los derechos de las mujeres.La joven marca además otro de los fenómenos que caracterizan a esta elección. Según la última encuesta publicada por BTG/Nexus el lunes, el 52,8% de las mujeres dijo que no votaría por el hijo mayor del clan Bolsonaro de ninguna manera, frente al 40,1% de los hombres que respondió lo mismo. Por el contrario, un 41,2% de las mujeres aseguró que jamás votaría por Lula, afirmación que aumentó hasta el 55,3% en los hombres.Lula saluda a sus seguidores durante un acto de campaña en Porto Alegre, en el estado de Rio Grande do Sul, BrasilSILVIO AVILA - AFP“A mí me preocupa que gane la extrema derecha en Brasil, un gobierno alineado con [el presidente de Estados Unidos, Donald] Trump y [el presidente de la Argentina, Javier] Milei. Los Bolsonaro son fascistas que quieren vender los recursos del país y entregar Brasil a Estados Unidos”, dijo a LA NACION Marina, de unos 60 años, sentada junto a la estatua de Carlos Drummond de Andrade, en Copacabana.En el otro extremo del espectro político se encuentran aquellos como Manuel, para quienes el actual mandatario representa “una ruina” para el país, según dijo a LA NACION.“Tengo miedo de que gane Lula, no sé bien cómo explicar por qué, pero un gobierno así, corrupto, que hace tanto tiempo que está en el poder, no puede ser nada bueno para Brasil”, argumentó el hombre de alrededor de 40 años, en la Avenida Atlántica de Río de Janeiro.Algo similar opinó Thiago, de 55 años, quien insistió en que un cuarto mandato del líder del PT sería “peligroso” para Brasil.Seguidores de Lula participan en el "Acto Musical por la Democracia", en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, BrasilPABLO PORCIUNCULA - AFP“Son 20 años de gobierno diciendo y no haciendo nada. Yo necesito que se vaya Lula, porque si no este país va a ser siempre igual, nunca va a progresar”, dijo mientras caminaba con su camiseta del Flamengo frente al Marriot de Copacabana.Acusaciones cruzadasEstas visiones del electorado coinciden en gran medida con posturas y comentarios hechos por los propios políticos.“¡Pueden estar seguros de que este país no volverá a ser gobernado por el fascismo!”, lanzó Lula, por ejemplo, durante el primer acto de campaña de la segunda vuelta, en el Distrito Federal.En el primer debate al que asistieron ambos candidatos, transmitido el domingo por la noche en la cadena Band, el presidente acusó a Flavio de querer volver a instalar la escala 6x1 de la jornada laboral –aunque el senador votó a favor en el Senado de terminar con ese sistema después de haberse opuesto previamente– e insinuó que su propuesta de salud, con el médico Claudio Lottenberg como ministro, implicaría privatizar el sistema público de salud brasileño (SUS, por sus siglas en portugués).Flavio Bolsonaro participa en un acto de campaña en la avenida Paulista, en San Pablo, Brasil[e]PAULO LOPES - XinHuaLula acusó además a los Bolsonaro de traicionar a Brasil, habló de “subordinación” de la familia al gobierno de Estados Unidos e intentó asimilar el “tesouraço” (tijeretazo) de la burocracia del Estado propuesto por Flavio Bolsonaro con la “motosierra” del presidente argentino, Javier Milei.Flavio, en cambio, ha insistido en presentar al presidente como “quien está destruyendo Brasil y empeorando tu vida”, tal como dijo en un video tras faltar al primer debate de Band, y, al votar en la primera vuelta, pidió “que el brasileño ponga fin a la era del atraso”.En el primer cruce televisivo entre los candidatos, el hijo mayor de los Bolsonaro aprovechó además para acusar al mandatario de viajar a Estados Unidos para “defender al CV y al PCC”, en línea con, por ejemplo, lo que dijo en un acto en Porto Alegre la semana pasada, en el que tildó a Lula como el “representante del PCC en el Gobierno Federal”.Una simpatizante de Flavio Bolsonaro sostiene figuras recortadas con la forma del número 22 durante un acto de campaña en la avenida Paulista, en San Pablo, Brasil[e]PAULO LOPES - XinHuaSin embargo, la campaña del miedo puede no ser del todo efectiva, sobre todo para el oficialismo.“Lula maniobra con el miedo al fin de la democracia, de los derechos civiles y de las libertades individuales y, más que nada, con el miedo irracional y difuso a que la ‘familia Bolsonaro’ llegue al poder. Le habla más a su propia burbuja y esta retórica tiene poco alcance entre los indecisos”, analizó para LA NACION Alberto Pfeifer, coordinador del Grupo de Análisis de Estrategia Internacional y Geopolítica (DSI) de la Universidad de San Pablo (USP).Para el experto, en todo caso, es Flavio quien mayor rédito político puede extraer de esta estrategia, ya que “explota el miedo a la continuidad, al desgobierno, a la corrupción endémica y al uso partidario del Estado”, todas percepciones asociadas al oficialismo y que lideran las preocupaciones del electorado brasileño.Según una encuesta de Datafolha publicada el viernes, la violencia (20%), la salud (18%) y la economía (15%) son los principales problemas de los brasileños, todos factibles de ser atribuidas directa o indirectamente al gobierno federal. Según Pfeifer, el de Flavio sí es “un discurso que conecta con un público más amplio y que puede convencer a más votantes indecisos, aunque sea por un margen estrecho”.La batalla por los indecisos y las abstencionesLa participación electoral es otra de las variables que pueden incidir en el resultado. “La ausencia de voto es algo que hemos acompañado con preocupación, pero no es algo nuevo de esta elección. Como en 2022, sin embargo, podemos ver que aumenta el número de personas que votan en el segundo turno”, dijo a LA NACION Lorena Barberia, profesora de Ciencia Política en la Universidad de San Pablo (USP). En ello concentra sus esperanzas la campaña de Lula, tal como se hizo evidente durante un acto celebrado el 11 de octubre en San Pablo, en el que el presidente pidió a sus seguidores que convencieran a los abstencionistas de participar en el balotaje. Sin embargo, el panorama no parece ser sencillo para el líder del PT. Según la encuesta de Quaest, entre quienes se abstuvieron, votaron en blanco o anularon su sufragio en la primera vuelta, un segmento que representa casi una cuarta parte del electorado, Lula aventaja a Flavio Bolsonaro por sólo 4% (40% frente a 36%), dificultando las posibilidad de revertir la tendencia.“La tendencia es que la ‘recuperación’ de los ausentes se distribuya de manera equitativa entre ambas campañas, por lo que no debería alterar el resultado”, explicó Pfeifer.Flavio Bolsonaro señala a Lula da Silva durante un debate presidencial televisado, en San Pablo, BrasilAndre Penner - APDesde la primera vuelta, en cambio, Flavio concentró sus esfuerzos en intentar asegurarse el apoyo de los candidatos que quedaron fuera de carrera. Según la encuesta de Quaest, Lula se llevaría la mayoría de los votos de quienes eligieron en primera vuelta al escritor Augusto Cury, que salió tercero (2,89%), mientras que los que respaldaron a los otros candidatos da la llamada tercera vía votarían mayoritariamente al candidato de la derecha.Bolsonaro ya cuenta con el respaldo de partidos como Republicanos, Podemos, União Brasil, Progressistas y Novo. Además, 16 directorios regionales del Movimiento Democrático Brasileño (MDB) se pronunciaron a su favor, frente a otros diez que decidieron apoyar a Lula.El día después En una elección tan ajustada, con el antecedente del intento de golpe de Estado de Jair Bolsonaro todavía presente en la política brasileña, otro de los temores es que alguno de los candidatos desconozca el resultado.En 2022, pocas horas después de que se confirmara la victoria de Lula, una serie de acampes y cortes de ruta empezaron a surgir en diferentes regiones del país para reclamar que las Fuerzas Armadas desconocieran el resultado electoral e impidieran la toma de posesión del líder del PT.Las protestas terminaron desembocando, meses después, en uno de los episodios más graves para la democracia brasileña en su historia reciente, el asalto a la Plaza de los Tres Poderes en Brasilia, en enero de 2023. Dos años y ocho meses más tarde, el Supremo Tribunal Federal (STF) condenó al expresidente Jair Bolsonaro por su papel en el intento de golpe.Flavio Bolsonaro besa a su padre, el entonces presidente, durante un acto del Partido Liberal (PL), en un centro de convenciones de BrasiliaEVARISTO SA - AFP“Es una preocupación importante”, advirtió Barberia, que recordó que en 2022 el intento de golpe no prosperó únicamente por la falta de apoyo de la cúpula militar y que en esos hechos estuvieron involucrados otros altos funcionarios del Estado, como el exdirector general de la Policía Federal de Carreteras, y el exministro de Justicia.En estos comicios, la especialista señaló además dos nuevos factores que generan preocupación. Por un lado, la politización de la Justicia electoral, que a su juicio debilita la confianza en el proceso, y por otro, el papel de las empresas de redes sociales, cuya actuación también consideró inquietante.
La campaña del miedo: los temores que agitan Lula y Bolsonaro antes de una reñida elección en Brasil
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