Conocida como “la Suiza brasileña”, la ciudad de Gramado, en Río Grande do Sul, se encuentra muy alejada del imaginario que la mayoría de los argentinos tienen del país vecino. Emplazada en la Sierra Gaúcha, 115 kilómetros al norte de Porto Alegre, sus chalets alpinos, balcones floridos, tiendas de chocolates artesanales y restaurantes de fondue, así como el paisaje serrano y boscoso que la rodea, la vuelven más susceptible de ser asociada a ciudades como Salzburgo que a Bahía. Uno de los destinos preferidos de los brasileños para hacer turismo interno, todos los meses de agosto alberga el Festival de Cine de Gramado, durante el cual miles de personas dirigen su atención a esta ciudad de aires europeos para ver desfilar a sus estrellas favoritas por la alfombra roja y seguir la competencia por los premios “Kikito”. La marca que dejaron en Gramado los colonizadores europeos que se asentaron allí a fines del siglo XIX, principalmente italianos, alemanes y portugueses, es ineludible: los comercios tienen nombres como “Botticelli”, “Napoli” y “Lugano”, y hasta es posible toparse con un negocio dedicado a la venta de relojes cucú importados desde Alemania. La Plaza de las Etnias, al lado de la terminal de ómnibus, brinda homenaje a estos pueblos con tres casas típicas donde se ofrecen productos regionales como vinos, mermeladas, cucas (una torta parecida al Streuselkuchen alemán) y quesos elaborados por los descendientes de esos colonos, la mayoría agricultores de la zona. Chalets alpinos y autos de alta gama en el atardecer de GramadoAdemás de por su festival, Gramado también es conocida por el Natal Luz, un evento que se celebra todos los años entre el 22 de octubre y el 17 de enero y durante el cual la ciudad se transforma en una suerte de película navideña con desfiles de carrozas comandadas por Papá Noel, shows de música, luces y fuegos artificiales. Incluso durante el invierno es posible comprar en sus tiendas adornos para el arbolito y hombrecitos de jengibre mientras se degusta un chocolate caliente. Son los meses en los que la ciudad se promociona ofreciendo vivir un “invierno gaúcho”. En un país donde la temperatura promedio ronda los 24 grados, Gramado, en el estado más austral del gigante sudamericano, es uno de los pocos lugares en el que muchos brasileños -que representan el 90% del turismo de la ciudad- pueden experimentar temperaturas que pueden llegar a los 0 grados y lucir los abrigos que suelen dormir en sus armarios el resto del año. La marca que dejaron en Gramado los colonizadores europeos que se asentaron allí a fines del siglo XIX, principalmente italianos, alemanes y portugueses, es ineludible: los comercios tienen nombres como “Botticelli”, “Napoli” y “Lugano”, y hasta es posible toparse con un negocio dedicado a la venta de relojes cucú importados desde AlemaniaSin embargo, no todo en Gramado recuerda a Europa. Sus locales de venta de ponchos, facas y tapices de cuero dan cuenta de la identidad gaúcha de esta región, poblada por gauchos que visten bombachas de campo y alpargatas al igual que sus pares argentinos y uruguayos. Acá el churrasco (asado) también es cosa seria y por la calle se ve a la gente tomando chimarrão, un mate que se prepara con una yerba poco estacionada y que llama la atención por su verde intenso. Turismo interno“Somos una ciudad chica, de apenas 40.000 habitantes, pero cada año recibimos 8 millones de turistas, de los cuales 2,8 millones vienen para el Natal Luz y unos 250.000 para el festival de cine”, dijo a La Nación Rosa Helena Volk, presidenta de Gramadotur, el organismo responsable de organizar las actividades vinculadas al turismo y la cultura de Gramado. Algunos de los premiados este año (entre ellos, Lázaro Ramos y Christian Malheiros), en plena celebraciónEdison VaraLa pasión que despiertan las estrellas que recorren la alfombra roja que recubre la “Calçada da Fama” durante el festival, entre la Rua Garibaldi y el Palacio de Festivales, sobre la Avenida Borges de Medeiros, es un espectáculo digno de ver. Apostados detrás de las vallas, los fans gritan los nombres de sus actores y actrices favoritos con la esperanza de sacarse una selfie con ellos. Otros lo hacen cómodamente sentados en los restaurantes que bordean la calçada, que se encuentran entre los más caros de la ciudad. Y es que Gramado es uno de los destinos favoritos de los brasileños con buen poder adquisitivo, lo que es fácil constatar con solo echar un vistazo al parque automotor de sus calles, en las cuales no es raro ver circular Porsches, Jaguars y Lamborghinis (y, en las cuales, para sorpresa de cualquier argentino, no hay semáforos en las esquinas y todos los autos frenan). La Nación incluso detectó durante su recorrido un Tesla Cyber Truck, la camioneta de diseño futurista de Elon Musk, cuyo precio de fábrica oscila entre los 70.000 y los 100.000 dólares. La mitad de los visitantes brasileños es oriunda de Río Grande do Sur y Santa Catarina, mientras que el resto llega desde São Paulo, Río de Janeiro y el estado de Minas Gerais. Si bien para los argentinos Gramado es un destino mucho menos conocido que Florianópolis y Camboriú, en el vecino estado de Santa Catarina, Argentina lideró en 2025 la recuperación del turismo internacional de la ciudad, que se había visto afectado por las inundaciones de 2024, con casi 50.000 visitantes (41 % más que el año anterior), seguida de Uruguay, con casi 19.000. Por la alfombra roja de este año desfiló, entre otras figuras, la protagonista de Avenida Brasil, Débora Falabella, quien acompañó el estreno de Pele de Rinoceronte, de Marcello Ludwig Maia, donde interpreta a una periodista que investiga un femicidio en el Brasil de los años 70Para entender la popularidad del Festival de Cine de Gramado, en el que solo se exhiben películas brasileñas, es necesario comprender la estrecha ligazón que hay entre el cine y la televisión en el país vecino. Son pocos los actores brasileños que no trabajaron en telenovelas. Por la alfombra roja de este año desfilaron, entre otras figuras, la protagonista de Avenida Brasil, Débora Falabella, quien acompañó el estreno de Pele de Rinoceronte, de Marcello Ludwig Maia, donde interpreta a una periodista que investiga un femicidio en el Brasil de los años 70; así como sus compañeros de elenco en la exitosa telenovela de exportación José Loreto, protagonista de la biopic Chorão: Só os Loucos Sabem, y Marcos Caruso, quien fue distinguido con el trofeo Ciudad de Gramado. Incluso el actor y escritor Lázaro Ramos (Madame Satã/Carandiru), uno de los más respetados de Brasil -quien acompañó en Gramado sus últimos trabajos, el thriller Antártida, de Bruno Safadi, y Feito Pipa, de Allan Deberton, donde interpreta al padre de un niño queer de 12 años (y por el que ganó el Kikito al mejor actor de reparto)- pasó por telenovelas como Cobras & Lagartos, con la que estuvo nominado al Emmy. Tampoco escaparon a los culebrones los galardonados con el Kikito de Cristal a la trayectoria en la última edición del festival, Selton Mello, que actuó en la ganadora del Oscar a la mejor película extranjera de 2025, Aún estoy aquí, de Walter Salles; y Maria Fernanda Cândido, quien trabajó a las órdenes de Marco Bellochio en El traidor y de Kleber Mendonça Filho en la nominada al Oscar El agente secreto. La actriz Maria Fernanda Cândido recibió un Kikito de Cristal a la TrayectoriaCleiton ThieleEl Festival de Cine de Gramado nació en 1973 para fomentar el turismo y desde entonces es el de mayor continuidad en Brasil, con 54 ediciones ininterrumpidas. “Creció tanto que hoy en día es más importante como evento cinematográfico que como estrategia turística”, señaló Marcos Santuario, quien programa desde hace 15 años las competencias de largometrajes de ficción y documentales brasileños (hay otras tres competencias: de largometrajes y cortometrajes gaúchos y de cortometrajes brasileños). “Gramado tiene, por un lado, un papel clave en la preservación de la memoria del cine brasileño por llevar tanto tiempo acompañando a la industria. Y, por otro lado, es una de las pantallas más deseadas por los realizadores y protagonistas del audiovisual de Brasil”, señaló Santuario, que este año compartió la curaduría con las actrices Ana Flavia Cavalcanti y Camila Morgado. “No hay otro evento de cine en Brasil que tenga tanta repercusión. Cuando comenzó el festival, la ciudad apenas contaba con tres hoteles, y ahora contamos con 28.000 camas”, señaló por su parte la directora de Gramadotur. El actor Selton Mello (actuó en Aún estoy aquí, de Walter Salles), homenajeado en el festivalCleiton ThieleEn 2012, Santuario fue convocado junto al director, actor y crítico de cine José Wilker y el reconocido presentador de televisión y crítico Rubens Ewald Filho -ambos ya fallecidos- para acercar el festival al público. “La programación estaba en ese momento más centrada en un cine autoral, muy hermético, y Gramado quería cambiar eso. En ese entonces creamos una frase que se convirtió en nuestro leitmotiv: las películas vendrían a nacer, y no a morir en Gramado”, recordó. El objetivo parece cumplido. En su última edición, el festival contó con la cobertura de más de 450 periodistas de medios tradicionales como TV Globo o el diario Folha de São Paulo y más de 100 creadores de contenido para Instagram y TikTok. Además, la ceremonia de premiación fue transmitida en vivo a todo el país por Canal Brasil. La programación, en tanto, navegó entre las aguas que separan el cine comercial del cine autoral. La apertura, por ejemplo, fue con Antártida, rodada íntegramente en los Estúdios Globo de Río de Janeiro, con una temperatura exterior de 30 grados, y en la cual se empleó la tecnología Unreal -la misma que se usó en El Eternauta- para emular el gélido paisaje del continente blanco: toda una declaración de principios acerca de las posibilidades tecnológicas de la industria cinematográfica brasileña. El cierre, en tanto, estuvo a cargo de la coproducción chileno-brasileña La perra, de Dominga Sotomayor, que pasó este año por la Quincena de Realizadores en Cannes. “Gramado es definitivamente el festival más popular de Brasil porque es el único que las clases medias y más pobres saben que existe. Puede que no sepan exactamente qué películas hay, pero saben que existe”, comentó el periodista Rodrigo FonsecaEn la competencia de largometrajes brasileños se estrenaron películas como la recomendable Justino - Nos Bastidores do Reino, de José Eduardo Belmonte, basada en la historia real de Mário Justino, un joven que ascendió como pastor en una poderosa iglesia evangelista en los años 80 y que fue expulsado de la misma cuando se contagió de VIH, y crowd pleasers como Chorão: Só os Loucos Sabem, de Hugo Prata y Felipe Novaes, biopic sobre el líder de la banda brasileña de rock Charlie Brown Jr, muerto por sobredosis en 2013. Los protagonistas de estas dos películas, Christian Malheiros y José Loreto, respectivamente, se llevaron ex aequo el Kikito al mejor actor. También formaron parte exponentes del cine de autor como Leite em Pó, protagonizada por Vinícius de Oliveira (el niño, hoy ya adulto, de la inolvidable Estación Central, de Walter Salles), y cuyo director, Carlos Segundo, fue premiado anteriormente en festivales de cine más radical como Locarno. Otras propuestas más arriesgadas incluyeron el notable documental O Projeto, de la brasileña Sabrina Fidalgo y el suizo Yvan Rodic, sobre el racismo en el sur y el norte global; y, Nosso Segredo, de Grace Passô. Tras su estreno mundial en la Berlinale y su paso por Bafici, esta película acerca de una familia que intenta reconstruirse tras la pérdida de uno de sus miembros logró quedarse con el Kikito a la mejor película. En 2012, cuando su película 360 abrió el festival, el director de Ciudad de Dios, Fernando Meirelles, dijo que si se quería saber cómo había sido el Brasil de los últimos 40 años, bastaba con ver las películas que habían pasado por Gramado. A juzgar por la programación de este año, los temas que recorren actualmente la sociedad brasileña son la violencia de género, la fe y los derechos de la población afrobrasileña, indígena y LGTB+ del país. La exuberancia natural también es una virtud de GramadoEl de Gramado no es el único gran festival de cine de Brasil. También están, entre otros, el de Brasilia, que nació en los años ‘60 con un perfil más político de la mano del cinema novo de directores como Glauber Rocha, así como los de Río de Janeiro y Sao Paulo, con muchas más películas y un perfil internacional que ha atraído a invitados como Roman Polanski, Jafar Panahi o Juliette Binoche. Sin embargo, ninguno de ellos detenta la continuidad ni la popularidad del festival gaúcho. “Gramado es definitivamente el festival más popular de Brasil porque es el único que las clases medias y más pobres saben que existe. Puede que no sepan exactamente qué películas hay, pero saben que existe”, comentó Rodrigo Fonseca, periodista del diario Correio da Manha de Río de Janeiro. “Admiro mucho la curaduría de este festival. En los últimos años se estrenaron acá películas rupturistas como Carro Rei, que tiene algo de la francesa Titane, sobre un auto que lidera una revolución con todos los coches de la ciudad; el thriller Noches alienígenas, filmado en el estado de Acre o Cinco tipos de miedo, filmada en Matto Grosso. Es un festival que descubre películas de regiones cuyo cine nadie conoce”, señaló Fonseca, que cubre el certamen hace 20 años y conduce el podcast de cine argentino-brasileño “Puente de amistad” junto al argentino Salvador Savarese, disponible en Spotify. Selton Mello, premiado por su trayectoriaEdison VaraSin embargo, hubo un largo periodo en que el Festival de Gramado fue iberoamericano y no por deseo, sino por necesidad. Fue después de que el entonces presidente Fernando Collor de Mello cerrara en 1990 la Embrafilme, la empresa mixta estatal encargada de producir, fomentar y distribuir el cine brasileño, en el marco de su plan de reestructuración del Estado. Como consecuencia, la producción cinematográfica de Brasil cayó a mínimos históricos y el festival tuvo que abrirse para no morir. Fueron los años en que pasaron por Gramado películas argentinas como Un lugar en el mundo, de Adolfo Aristarain, Pizza, birra, faso, de Bruno Stagnaro y Adrián Caetano o Pinamar, de Federico Godfrid, y fueron premiados con el Kikito de Cristal representantes del cine argentino como Juan José Campanella (2012), Soledad Villamil (2017) y Leonardo Sbaraglia (2019), entre otros. Sin embargo, poco a poco el cine brasileño se fue recuperando de la mano de políticas públicas como la Ley del Audiovisual en 1993 y el establecimiento de la Agencia Nacional del Cine (Ancine) en 2001, en lo que se conoce como “la Retomada”. Desde 2023, el Festival de Gramado es nuevamente 100% brasileño. Tan solo este año, se presentaron a las competencias de largometrajes 300 películas, de las cuales apenas quedaron seleccionadas 10. Sin embargo, el programador Marcos Santuario sueña con volver a abrir Gramado al mundo. “Estamos en el centro del Cono Sur y tenemos una proximidad muy grande con países como Argentina y Uruguay”, señaló. “A diferencia de otros festivales mucho más grandes de Brasil, con centenares de películas, como acá la programación es más reducida, todas las películas reciben la atención de los invitados y los periodistas. Y para el cine de Iberoamérica, esa es una puerta de entrada muy interesante a Brasil”, concluyó. Conversaciones
Festival de Gramado: cine y estrellas en el corazón del Brasil gaúcho
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