Éric Sadin: “Si existe, Dios debería castigarnos haciendo desaparecer los smartphones por 24 horas”

Éric Sadin: “Si existe, Dios debería castigarnos haciendo desaparecer los smartphones por 24 horas”

Hoy, lo suyo no pasa solo por la investigación, la crítica furibunda al universo digital y la divulgación, tanto a través de libros y artículos periodísticos, de sus posturas abiertamente confrontativas con la última gran novedad que trajo este siglo: la IA generativa. De visita en Buenos Aires, donde vino a presentar El desierto de nosotros mismos (Caja Negra), su último libro, Éric Sadin (Francia, 1973) afirma que muy recientemente descubrió que tiene una misión: ayudar a los más jóvenes a recuperar una tradición letrada y unas posibilidades de emancipación que, asegura, nos están siendo escamoteadas por un mundo tecnológico abocado a reemplazar no solo nuestras capacidades físicas, sino también las intelectuales y creativas.“La Argentina tiene una cualidad que no se ve en otras partes; un interés por el otro, la atención, el cuidado –comenta el pensador francés, autor también de La siliconización del mundo– .Tienen conciencia de necesitar a los demás. Y es que somos más ricos con el otro. Somos más alegres con el otro; eso, para mí, es la Argentina. También las relaciones sociales táctiles. La gente te abraza, te besa, te toca. Es muy fuerte porque significa que hay una presencia en lo real con el otro”.Éric Sadin: "No se pueden incorporar a la escuela máquinas que erradican el principio mismo del aprendizaje"Coni Rosman–En El desierto de nosotros mismos dedica un capítulo a la educación. ¿Qué pensó durante las últimas protestas en Francia que iniciaron, justamente, los estudiantes?–Hay varios puntos. En principio, el movimiento que surgió en septiembre, que da cuenta de una insatisfacción sobre un estado de cosas. Pero no es solo eso, no es solo el estado edilicio, o la falta de profesores... Sobre todo en Francia, que es más que solo un país; es un ideal. De ahí su alcance histórico y universalista. Es un ideal de saber, de protección social, de servicio público, de instituciones, de una salud igualitaria para todos, de progreso social. Pero todo esto se deshizo. Y ahora llegamos a un estado de representaciones mentales, a un estado de la psiquis de los jóvenes donde todo esto se aparece como una ficción. Sentirse traicionado es muy hiriente. Sentirse traicionado por la sociedad, por los adultos, ¿qué es lo que produce en la psiquis? Rencor, sensación de abandono. Y te voy a hablar de lo que más me importa.–¿Qué sería eso?–Que abandonamos a nuestros hijos. Los hemos abandonado. Cuando se lanzó el ChatGPT, la IA generativa, en 2022, cientos de millones de individuos se abalanzaron sobre esas máquinas y dijeron “esto es espectacular, escriben en lugar de nosotros”. Lo que yo creo es que la humanidad ha caído bien bajo para hacer uso de máquinas que van a pronunciarse en nuestro nombre. Se tiraron encima de esas máquinas sin hacerse la madre de todas las preguntas, la madre de todas las preocupaciones: nuestros hijos. ¿Y qué pasó? Lo que vimos en la escuela fue un caos total, profesores que están librados a sí mismos, el lobby de quienes quieren instalar sistemas de IA generativa y adaptar la educación a eso, lo que es una falta terrible. Nosotros no nos adaptamos a máquinas que nos van a privar de la facultad de la escritura, y en cambio dejamos a los chicos usarlas. Es nuestra culpa. ¿Te das cuenta lo que se viene? Un día los niños nos van a decir: “¿Por qué voy a aprender la lengua? ¿Por qué voy a aprender la gramática? ¿Por qué voy a aprender la ortografía? ¿La lectura, los grandes textos, la práctica de la escritura? Si hay un sistema que con un chasquido de dedos o un prompt escribe en mi lugar". Esa pregunta no nos la hicimos y es una falta inmensa. Hay generaciones futuras que tendrían que juzgarnos post-mortem.Abandonamos a nuestros hijos. Los hemos abandonado. Cuando se lanzó el ChatGPT, la IA generativa, en 2022, cientos de millones de individuos se abalanzaron sobre esas máquinas y dijeron “esto es espectacular, escriben en lugar de nosotros”. –¿Por falta de responsabilidad?–Por una falta de responsabilidad absoluta. Desde hace algunos días pienso que si Dios existe debería castigarnos. ¿Sabés cómo debería castigarnos? Con una punición suavecita pero que haría sufrir a muchos: que por 24 horas los smartphones desaparecieran del mundo. Este verano leí un libro que se llama Escritos políticos, de George Sand. Cuenta que había una deficiente mental en un hospicio católico que se ocupaba de ella. Al final de unos días, unas semanas, les resultó incómodo tener a esa chica, no sabían qué hacer, entonces la entregaron a la administración pública. Tampoco allí sabían qué hacer con ella; la soltaron y unos días después la encontraron muerta en el campo. George Sand, que era socialista, escribió a la Iglesia Católica de Francia y al prefecto y les dijo que era una vergüenza lo que habían hecho, una falta moral tremenda. Acuñó un neologismo, dijo: “Han cometido un inocenticidio”. No un infanticidio, un inocenticidio. Es mi nuevo concepto. Matamos la inocencia."El desierto de nosotros mismos" (Editorial Caja Negra, $ 37.000), de Éric Sadin–Estamos hablando de castigos divinos... y la semana que viene llega el Papa a la Argentina.–No quiero que crean que soy un cristiano inspirado (sonríe). El Papa ha escrito una Encíclica donde se refiere a la IA, y yo enseguida escribí una columna que salió en El País. El Papa me leyó. No el Papa, alguien en el Vaticano, porque mis libros están traducidos al italiano. Todo esto es cierto. El claustro de los Bernardinos en París, que hace unos programas en YouTube, hace meses que quiere invitarme. En el momento de la Encíclica, me dijeron: “Sr. Sadin, sabemos que lo han leído, pero ¿qué pensaba?” Y yo dije: “Soy más Papa que el Papa”. Porque en lo que hace a la educación, él propone adaptarnos... Y, veamos, de los diez mandamientos, siete son prohibiciones: no matarás, no robarás, no desearás la mujer del prójimo. Tendría que haber dicho que la prohibición es la base de la moral. Tendríamos que haber prohibido las máquinas en la escuela. No se pueden incorporar a la escuela máquinas que erradican el principio mismo del aprendizaje."Lo que está pasando ahora es el vaciamiento de nosotros mismos porque la IA generativa avanza sobre el sentido intelectual y creativo", dice Éric SadinConi Rosman–Hay una palabra que se repite mucho en el libro: “pereza” ¿La menciona desde un lugar político o moral?–Primero moral. Nuestra frecuentación cada vez más asidua de las tecnologías digitales desde hace un cuarto de siglo y aún más desde hace diez años y aún más desde hace cuatro años, con la inducción de la IA generativa, erradicó en la mayoría de nosotros toda la conciencia moral, a beneficio de una sola cosa: la facilitación de la existencia. Por la pasión natural para la facilidad existencial, pero también por el hecho de que desde el punto de vista individual no vemos más que el propio interés práctico inmediato, sin preocuparnos de las consecuencias. La responsabilidad es ver cómo mis actos me comprometen. Lo que está pasando ahora es el vaciamiento de nosotros mismos porque la IA generativa avanza sobre el sentido intelectual y creativo, es decir, sobre el último y más elevado bastión humano. Avanza sobre la palabra, en el sentido de que eso está en la base de nuestras relaciones, de nuestra vida: decidir en común qué hacer valer de la propia singularidad. En cambio, hay sistemas a los que les encargamos que concreten nuestras facultades intelectuales y creativas. Abrimos una caja de Pandora sumamente peligrosa.–¿Las acciones que propone en su libro son una respuesta a estos desafíos?–Mirá, tengo una nueva misión en la Tierra. En mayo recibí un correo de estudiantes de 17 años del Liceo Víctor Hugo en Poitiers. Me decían: “Estamos en una especialización artística. Queremos ser autores, componer música, ser coreógrafos. Queremos hacer lo que nos gusta. No queremos que la IA nos triture. Señor Sadin, ayúdenos”. Terminaron con esta frase: “La juventud está detrás suyo”. Eso me hizo llorar. Después nos llamamos y vamos a intentar organizar algo. Vi que esto resonaba en otras personas de esa edad. Los que tienen hoy 30 ó 25, quizás ya están alienados. Pero tenemos a los más chicos, los inocentes, que dicen “este mundo no es nuestro, no lo queremos”. Quieren otra cosa, quieren amigarse con la condición natural actuante humana. Tenemos que darles la mano a los que quieren ser activos. La forma más hermosa de responsabilidad no sería solo movilizarnos, sino tender una mano. A los que tengan responsabilidad y conciencia, decirles: los vamos a ayudar para que puedan convertirse en seres libres.Para agendar-Presentación de El desierto de nosotros mismos. Mañana, a las 18, en Teatro El Picadero, Enrique Santos Discépolo 1857.-Entrevista pública por Margarita Martínez. El jueves 5, a las 17, en Fundación Andreani, Av. Don Pedro de Mendoza 1987.Por Diana Fernández Irusta

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