A principios de agosto, tres de los países musulmanes más poblados del mundo firmaron un pacto de defensa en La Meca, la ciudad más sagrada del Islam. Arabia Saudita, Turquía y Pakistán, los tres aliados de Estados Unidos en una región profundamente inestable y actualmente en guerra, acordaron que cualquier ataque contra uno de ellos sería considerado una agresión contra los demás, en una fórmula que recuerda al Artículo 5° del tratado de defensa colectiva de la OTAN.Sin embargo, las razones y el verdadero alcance del acuerdo siguen siendo opacos. Entre las explicaciones que más consenso generan entre los expertos aparecen la intención de diversificar el paraguas de seguridad ofrecido por Washington, en momentos en que Estados Unidos pierde credibilidad e interés en la región, y la búsqueda de contener la influencia de Israel e Irán, dos actores con enorme peso militar y político en Medio Oriente.Delegaciones de Turquía, Arabia Saudita y Pakistán reuniéndose en Estambul, TurquíaMinistry of Foreign Affairs of t - XinHuaA esas hipótesis se suman otras. El pacto podría apuntar a consolidar un eje de poder con mayor autonomía respecto de Estados Unidos, ampliar la cooperación tecnológica y militar, aprovechar el efecto disuasorio del arsenal nuclear paquistaní y exhibir un frente sunita unido, correspondiente a la rama mayoritaria del Islam. Pero el peso real de cada una de esas interpretaciones solo podrá evaluarse cuando se conozcan los términos concretos del acuerdo.La otra gran incógnita fue la ausencia de Egipto, que ya coopera estrechamente con los tres firmantes dentro de un grupo informal conocido como “STEP”, por las iniciales de los cuatro países, y que en la previa aparecía como un candidato casi seguro a sumarse. Su decisión podría explicarse por la cautela estratégica que ha caracterizado al país bajo la presidencia de Abdel Fattah el-Sisi.La gran torre del reloj (Hotel Hilton Makkah Convention), vista desde el lado elevado de la mezquita Haram, en La Meca, Arabia SauditaShutterstockA fines de agosto, el mandatario egipcio recibió en El Cairo a su par chino, Xi Jinping, en un encuentro que fue leído ampliamente como un nuevo paso de Pekín en su intento por establecer una alternativa a la hegemonía norteamericana y afianzar sus vínculos con otro de los aliados históricos de Washington en la región.En el comunicado publicado tras la visita de Estado, ambos líderes destacaron la necesidad de fortalecer la voz del Sur Global y dijeron acoger con satisfacción los esfuerzos regionales e internacionales para fomentar el diálogo en Medio Oriente.Un nuevo eje de influencia en la región“No se trata de un intento de reemplazar a Estados Unidos, sino de otorgarles flexibilidad estratégica mientras se preserva el margen para que la relación con Washington continúe”, analizó para LA NACION Elizabeth Dent, investigadora principal del Washington Institute for Near East Policy.El llamado Pacto de la Meca puede leerse así como un intento de ganar autonomía frente a Estados Unidos sin renunciar a su paraguas de seguridad, en momentos en que Washington da señales de querer reducir su presencia en Medio Oriente, incluso con la guerra con Irán en curso, y en que las políticas erráticas del presidente Donald Trump alimentan dudas sobre la confiabilidad norteamericana.El príncipe heredero saudita Mohammed bin Salman recibe al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, en La Meca, Arabia Saudita- - SPA DPAEn esa línea, Mike O’Hanlon, director de investigación del programa de política exterior de la Brookings Institution, señaló a LA NACION que “Washington ya no resulta tan confiable a la hora de tomar decisiones sensatas, en consulta con sus socios, sobre cómo manejar las crisis de seguridad regionales”.Sin embargo, el episodio de esta semana mostró que Estados Unidos sigue siendo indispensable. Cuando los rebeldes hutíes que amenazan a Arabia Saudita tomaron el control de la costa yemení del mar Rojo el viernes, Riad acudió a Trump y no a sus nuevos aliados del Pacto de la Meca. Aunque el mandatario norteamericano habría descartado por ahora una intervención directa, el episodio volvió a poner en evidencia el peso que Washington conserva en la región.Por eso, entre los especialistas gana fuerza la idea de que la cooperación industrial y militar puede resultar más relevante que la cláusula de defensa mutua en sí misma. La fabricación conjunta de armamento, los ejercicios militares y el intercambio de inteligencia aparecen como algunos de los principales beneficios concretos del acuerdo.Según el Arab Center Washington DC, la verdadera importancia del pacto está en su dimensión política e industrial, porque cada país aporta capacidades diferentes y obtiene beneficios propios.Peregrinos musulmanes rezan mientras rodean la Kaaba, el edificio cúbico ubicado en la Gran Mezquita, durante una peregrinación en la ciudad de La Meca, Arabia SauditaAmr Nabil - APArabia Saudita ofrece recursos financieros, influencia energética y legitimidad religiosa por su condición de custodio de los lugares más sagrados del Islam. Pakistán suma experiencia militar, capacidad de disuasión nuclear —es el único de los tres con arsenal atómico— y vínculos con China e Irán.Turquía, por su parte, aporta una sofisticada industria de defensa, tecnología avanzada y un importante poder militar. Cuenta además con el segundo Ejército más numeroso de la OTAN, alianza de la que forma parte.El pacto también puede interpretarse como un intento de equilibrar el poderío militar de Israel y contener la influencia de Irán, aunque cada uno de los tres firmantes mantiene una relación diferente con esas dos potencias regionales.“Israel forma parte de los cálculos, pero los tres países no lo perciben exactamente de la misma manera. Turquía considera cada vez más que la política israelí en Gaza, Siria y el Líbano representa una amenaza importante para la estabilidad regional y para sus propios intereses. Arabia Saudita es más cautelosa, pero el ataque israelí de 2025 en Doha despertó preocupación en todo el Golfo por la creciente libertad de acción de Israel”, explicó a LA NACION Riccardo Gasco, coordinador del Programa de Política Exterior del Instituto de Investigación Política de Estambul.Fotografía tomada desde la ciudad de Tiro, en el sur del Líbano, muestra humo elevándose en el lugar de un ataque aéreo israelíKAWNAT HAJU - AFPGasco aludió al bombardeo israelí en Qatar contra miembros de la cúpula de Hamas refugiados en Doha, un episodio que reforzó las dudas de los países del Golfo sobre hasta dónde está dispuesto a llegar Israel en la región.Con Irán las diferencias son todavía más marcadas. Arabia Saudita mantiene una histórica rivalidad con Teherán, mientras Pakistán conserva estrechos vínculos económicos con el régimen iraní.Turquía, en cambio, sostiene desde hace siglos una relación compleja pero relativamente estable con Irán, caracterizada por una suerte de coexistencia competitiva. Aunque Ankara y Teherán rivalizan por influencia regional, el gobierno turco ha evitado históricamente una confrontación directa y ha privilegiado la gestión de las tensiones.En ese contexto, el ministro de Relaciones Exteriores turco, Hakan Fidan, intentó disipar las especulaciones sobre un enemigo específico detrás del tratado. Tras la firma, aclaró que ningún país será considerado una amenaza mientras ninguno de los miembros del pacto sea atacado.La semejanza con la OTANEl hermetismo en torno a los términos específicos del acuerdo deja dudas sobre cómo y hasta qué punto podría activarse el mecanismo de defensa mutua ante un ataque contra alguno de sus miembros.Como el texto completo no fue publicado, siguen sin conocerse casi todos los detalles operativos. No está claro qué se consideraría exactamente un ataque armado, qué tipo de asistencia debería prestar cada socio ni bajo qué condiciones. Tampoco se anunció la creación de un comando conjunto o de una fuerza militar permanente.Mohammed bin Salman y Donald Trump, durante el Foro de Inversión Estados Unidos-Arabia Saudita en el Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas, en WashingtonBRENDAN SMIALOWSKI - AFPLos ataques con drones de baja intensidad lanzados por Irán contra Arabia Saudita desde la firma del pacto ilustran esa ambigüedad. Aunque constituyeron agresiones contra el reino, ninguno provocó una respuesta coordinada de los otros miembros.Tampoco se anunció ningún mecanismo de intercambio nuclear, despliegue de ese tipo de armas o planificación conjunta, por lo que el arsenal paquistaní parece tener, al menos por ahora, un valor principalmente disuasorio.Además, la respuesta ante una agresión no sería necesariamente automática. Cualquier acción militar podría requerir la aprobación de las instituciones nacionales de cada país.El propio ministro de Relaciones Exteriores turco, Hakan Fidan, explicó que los aliados decidirán mediante consultas qué grado y modalidad de apoyo brindarían ante un ataque, y que los tres países evaluarían conjuntamente la respuesta.Por eso, la comparación inicial con la OTAN tiene límites importantes.Como explicó Dent, el pacto “es un reflejo de una tendencia más amplia hacia coaliciones más pequeñas”, articuladas en torno a amenazas comunes, cooperación en la industria de defensa y señales políticas, en lugar de una estructura militar plenamente integrada como la de la Alianza Atlántica.Recep Tayyip Erdogan y Mohammed bin Salman se saludan durante un acto de bienvenida en Ankara, TurquíaBurhan Ozbilici - APEntre los factores que aceleraron el acuerdo, los expertos mencionan la escalada regional posterior a los ataques de Hamas del 7 de octubre de 2023, la guerra con Irán, los ataques contra infraestructura del Golfo, las interrupciones en el estrecho de Ormuz y el renovado accionar de los hutíes en el mar Rojo.Sin embargo, el pacto es también la culminación de años de diplomacia discreta. Un antecedente directo fue el Acuerdo Estratégico de Defensa Mutua firmado en septiembre del año pasado entre Arabia Saudita y Pakistán, que ya establecía que una “agresión contra cualquiera de los dos países será considerada una agresión contra ambos”.Una vez creado, y en su intento por consolidarse como un polo regional con mayor autonomía, el Pacto de la Meca dejó abierta la puerta a la incorporación de nuevos miembros.El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, afirmó que el acuerdo está “abierto [...] a todos los países hermanos”, mientras que Fidan, que calificó a Egipto como “nuestro socio natural en todos los asuntos”, sugirió que El Cairo podría sumarse a la alianza una vez resueltos “algunos temas técnicos”.Arabia SauditaTurquíaPaquistán
En qué consiste el Pacto de la Meca, el acuerdo de defensa entre tres gigantes del Islam que busca una alternativa a EE.UU.
Full Article
Original Source
Read the full article at Lanacion →KhanList aggregates and links to publicly available news content. We do not host full articles from third-party sources. Always verify important information with original sources.