“¿Nos hemos preguntado alguna vez cuántas veces en la vida hemos dado realmente las gracias?”, escribió Delphine de Vigan en un libro hermoso que se llama, justamente, Las gratitudes. Gracias fue la palabra que más se escuchó anoche en el Monumental. “Gracias, Leo”, se emocionó el relator a mi lado. “Gracias por siempre, GOAT”, decían los carteles electrónicos. “Gracias, gracias, gracias”, repitió Sergio Goycochea con el micrófono. “Gracias”, dijo el dron que iluminó el cielo, colocando primero el aviso del patrocinador y luego el escudo de la AFA que motorizó el “Chiqui Tapia botón” de la tribuna. El propio Leo Messi también dijo gracias una y otra vez. Pero pidió un compromiso. Les aclaró primero a los reyes de la conspiración que “no pasó nada raro” en la derrota contra España en la final del Mundial. Que Inglaterra provocó antes un desgaste inmenso (estalló la multitud: “El que no salta es un inglés”). Y que no será fácil ganar otra vez todo y vendrán “momentos difíciles”, con “mucha gente que quiere que a la selección le vaya mal”. Y que entonces será necesario “estar más unidos que nunca”. Porque “cuando nos juntamos y estamos unidos, somos más fuertes que cualquiera y superamos cualquier cosa”. “Cuando nos juntamos y estamos unidos, somos más fuertes que cualquiera y superamos cualquier cosa”, destacó Messi en su discursoAníbal Greco - LA NACIONEl partido, lo sabíamos todos, era lo de menos. Su tiro de esquina perfecto para que Nicolás Otamendi se despidiera también él con un gol. Asistencia número dos luego para que, justamente Nico Paz, renovación pura, avisara que él también puede hacer goles a lo Messi. Y su gol final de penal para el 3-0 a Benín, rival de época, de una época que seguramente deberá cambiar no sólo su juego y amistosos tan livianos, porque ya no estará más el mago ni su varita para salir del atolladero, para tapar agujeros, para sacarle dinero hasta a las piedras. Es obvio que quedan grandes jugadores, personalidad de sobra y conducción que ya demostró que sabe reconstruir. Pero será todo más normal. Messi, sabio de su parte, se va después de haber jugado el mejor de sus seis Mundiales. Lo que queda, que no será poco, le queda al soccer. Anoche, además del cartel de Malvinas, la despedida de Messi agregó otro cartel que decía “Remate”. Se vio imponente desde el Fan Fest (llamado “Gracias Leo”) en el Campo de Deportes de la Universidad de Buenos Aires (UBA), a metros del Monumental. Lo colgaron estudiantes en la fachada de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, en Ciudad Universitaria. Casi simultáneo, el juez Martín Cormick ordenó al gobierno que cumpla de una vez por todas con la Ley de Financiamiento Universitario, sin más excusas por la supuesta falta de fondos en el presupuesto. En su fallo de cincuenta hojas, el juez recordó que el Poder Ejecutivo ya había modificado seis veces ese presupuesto supuestamente intocable y que el costo de la reasignación que ordenó “representa apenas el 0,23 por ciento del PBI”. Tapia, Messi, el rector Gelpi y el vicerrector Yacobitti; el 10 recibió el doctorado Honoris Causa de la UBA horas antes de su despedida de la selección“Gracias eternas Leo”, dijo también ayer el vocero presidencial Adrián Ravier. Y destacó el “liderazgo” y la “humildad” de Messi. Un cronista le preguntó si acaso el presidente Javier Milei podía aprender algo de ese liderazgo de Leo. Ravier respondió que también Milei es líder global. Nada dijo sobre la humildad. Difícil hacerlo si Milei se describió como “el segundo líder más influyente del mundo” (luego de Donald Trump, claro). Y “el político más popular del mundo”. También la UBA desfinanciada por Milei le dijo ayer “gracias” a Messi. Y le entregó el título “Honoris Causa”. Por su “excelencia, perseverancia, humildad” y representación “de nuestra cultura popular y de nuestra identidad nacional”, justificó el rector, Ricardo Gelpi. El vicerrector, Emiliano Yacobitti, agregó la expresión “coraje”. Entre tantos, también recibieron antes esa distinción Charly García (anoche presente en el Monumental), el Indio Solari y Mirtha Legrand. Presencié el año pasado cuando la recibió Martín Caparrós. El escritor agradeció el título, pero lamentó el país que lleva décadas de retroceso social. Salud, educación, trasporte y también fútbol. “Hace cincuenta años se jugaban partidos y las hinchadas se gritaban cosas. Ahora nadie se atreve a reunir dos hinchadas en una misma cancha”. Martín Caparrós recibe el título de Doctor Honoris Causa por parte de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires UBA, en el Aula 108 de ésta facultad.Rodrigo NespoloCaparrós lamentó más aún al presidente. Al “señor que decidió que el odio y el rencor y el desprecio y el maltrato eran las herramientas que le ganarían el apoyo de millones de personas”. Que le festejan “sus supuestas sodomías de monos” y “se esfuerzan cuando él les dice que no odian suficiente”. “Nunca creí que mi país tuviera tanto odio, que desbordara esta violencia contra los más débiles”, dijo también Caparrós. Como sea, agradecemos a Messi, héroe individual y héroe colectivo, crack salvaje de un fútbol que se va, elogiando virtudes que no practicamos. Y él, que ganó ocho Balones de Oro, casi medio centenar de títulos, un título “Honoris Causa”, jamás pasó factura a sus viejos odiadores. Por eso, su agradecimiento de ayer incluye un compromiso. Sabe que la memoria es traicionera. En Las gratitudes, ese libro hermoso que eleva el acto de agradecer, dice una anciana que inicia su despedida: “Me vienen a la memoria los momentos compartidos. Otros los he olvidado. E invento los que me perdí”. Lionel MessiSelección argentinaUniversidad de Buenos Aires
En la noche de los agradecimientos, Messi pidió un compromiso
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