Una enorme caravana de autos serpentea el mediodía soleado de sábado por las calles del asa sud de la capital brasileña. Llevan banderas del PT, muchas de ellas ya no rojas, sino rosadas, desteñidas por el tiempo y reflejo, de paso, de la alianza de centro y centro derecha que es la base principal que sostiene a Lula da Silva y que es clave en su búsqueda de un nuevo mandato. Hay sonido de cohetes para marcar presencia y mostrar la seguridad en una victoria que nada garantiza ni tampoco se descarta.Los brasileños votan este domingo entre esa alternativa y la propuesta de cambio del senador conservador Flávio Bolsonaro que llega a la urnas reafirmado por su victoria en la primera vuelta, por una diferencia de más de dos millones de votos sobre los casi 160 millones de electores del enorme país continente.La discusión en estas urnas no es un básico izquierda o derecha, sino de capacidades. Lula viene de tres mandatos incluyendo el actual y con un rendimiento macro eficiente. Los números de Brasil, como es conocido, son envidiables, pero deja hacia adelante una deuda pública que merodea el 90% del PBI y un déficit fiscal en torno al 7% del producto que es necesario reducir para que lleve a la baja las extraordinarias tasas de interés de casi 14 por ciento, diez puntos por encima de la inflación anual.Bolsonaro, el hijo del polémico ex presidente Jair Bolsonro, preso hoy por su intento de golpe de enero de 2023, ha buscado hacer pie en las cuestiones sociales que son las que en cierta media explican la derrota en la primera vuelta del presidente.En los dos debates que se realizaron en la campaña para la vuelta definitoria, el líder conservador planteó la certeza de que los sueldos no alcanzan para cubrir las necesidades básicas. No aclara como resolvería ese problema. Afirma que si cae el déficit se reduciría la tasa de interés y se encogería esa inflación micro. Pero eso sugiere un ajuste que en principio agravaría el conflicto. Las fuentes gubernamentales afirman aproximadamente lo mismo, es necesario emprolijar las cuentas públicas, es decir también por ahí será inevitable el ajuste si Lula logra la hazaña de ganar la elección.La cuestión social juega un papel definitorio en esta etapa final. El oficialismo logró revertir, siempre según las encuestas, el golpe inicial de la derrota en base a una ofensiva intensa que incluyó el pago desde el pasado lunes del subsidio para la enorme masa de hogares precarizados del plan Bolsa Familia que incluyó un aumento sensible; la promulgación de la ley que garantiza dos feriados pagos por semana, con ocho horas máximo en la jornada laboral, como sucede en Argentina y un exitoso trabajo en las redes, en particular un canal de WhatsApp que en apenas días pasó de 60 mil concurrentes a cerca de once millones.Bolsonaro no lo hecho mal, tiene una campaña bien dirigida, y se maneja correctamente en los debates, aunque ha cometido errores de manual en la búsqueda compartida con su rival para seducir a los votantes indecisos y cosechar del enorme océano de abstencionistas que suman cerca de 34 millones de brasileños. Un ministro del gabinete de Lula le dice a este cronista que el cambio, el “viraje”, como llaman aquí el crecimiento en los sondeos del presidente, es precisamente porque gran parte de quienes no votaron están decidiendo hacerlo, en cierta medida porque recuerdan el polémico gobierno de Bolsonaro padre.IncertidumbreEste sábado Brasil amaneció con la misma incertidumbre que ha regido la campaña, a despecho de la gran apuesta que significó el debate en la red Globo del viernes a la noche que muchos veían como la ventana para resolver el empate y mostrar un favorito. No ha sucedido. La cita fue mucho más ordenada que la primera, el domingo pasado, pero no ayudó a definir una perspectiva clara de las urnas. Eso sí, hubo tensión en los cruces, pero también alguna coreografía, ninguno de los dos contendientes quiso pasarse demasiado de la raya porque ambos perciben que están en una posición ganadora.Los principales medios anotan, sin embargo, que posiblemente los indecisos hayan girado no se sabe en qué proporción hacia el jefe de Estado no tanto por sus méritos, afirma el portal de Estadao, sino más bien por algunos errores notorios cometidos por Bolsonaro en el cruce de dos horas. Para Folha de Sao Paulo, a su vez, pudo haber habido una victoria apenas por puntos para el jefe de Estado, pero no hay certeza de si lo visto generaría este domingo un voto indeciso decisivo, es decir con posición asumida.El analista Igor Gielow afirma en ese diario que “sin los gritos ni la falta de respuesta del enfrentamiento anterior, Lula logró imponerse al senador de Río de Janeiro. Sin embargo, no salió ileso”.Los errores de BolsonaroTanto ese medio como otros observadores que consultó este enviado, afirman que Bolsonaro se equivocó al burlarse de la incapacidad del presidente al llamarlo nueve dedos, por la falta de un meñique que perdió en sus épocas de obrero metalúrgico. Debió pedir disculpas. Pero hubo otros dos errores importantes. Una batería de datos que el retador usó en el debate para intentar acorralar al presidente, pero que el chequeo inmediato indicó que estaban basados en informaciones falsas. Este sábado aparecieron memes difundidos extensivamente por el PT con Bolsonaro como Pinocho y su nariz extendida y manos con la ausencia de un dedo con la leyenda filosa de que “el accidente de trabajo sucede a quien trabaja”.El otro derrape se relacionó con el caso de una niña de 5 años de edad asesinada en Niteroi, Río, por un policía que le disparó con un fusil y a quien defendió Bolsonaro, que es abogado. Como este caso, que ocurrió en 2021, ha crecido desde entonces en la opinión pública, el candidato buscó mostrarse compasivo durante el debate y hablando a cámara pidió hablar con la madre de la pequeña. Pero lo hizo con un grave error, la llamó con el nombre de la niña fallecida, una confusión difícil de reparar. Para peor la mujer estaba en el set y gritó angustiada: “¡Ella está muerta!”.El diario Estadao, a su vez, condujo una pesquisa cualitativa en simultáneo con el debate, que manejó el cientista Renato Dorgan con un puñado de electores que constituirían una síntesis de los votantes. Como Folha, su competido paulista llega a la misma conclusión respecto a que Flávio acumuló más derrapadas que Lula entre quienes aún no decidieron a quien votar. El experimento es interesante porque no registró movimiento entre los votantes de cada uno, es decir el debate no agregó ni quitó a aquellos con el voto decidido. Los otros dudosos se inclinaron por Lula “pero no por méritos del presidente, sino por los errores de Flávio, sobre todo en el episodio de la niña Ana Clara. Nadie dice que Lula estuvo bien. No ganó el debate. Flavio fue quien perdió”, afirma Dorgan.Esta cita que organizó la Rede Globo era central para que los candidatos intentaran romper una igualdad sin precedentes que ha marcado la campaña hacia la segunda vuelta. Casi todas las encuestadoras, que suelen mejorar sus registros con los datos, aciertos y errores de la primera vuelta, señalan una igualdad técnica en torno a un punto de ventaja para Bolsonaro, con Datafolha, una de las mayores empresas demoscópicas del país, otorgando igualdad con 50% de los votos válidos a ambos candidatos.“Es una novedad grave, especialmente para el campamento bolsonarista que logró triunfar claramente en la primera vuelta, desolando con esa victoria a Lula”, le dice a este enviado una fuente diplomática residente en Brasilia. “Pero se apuraron, comenzaron a señalar nombres para su futuro gabinete y el otro lado mejoró su campaña, salió del letargo y ahora hasta milagrosamente podría ganar”, agrega.Clarín consultó a funcionarios de primer nivel del gobierno, incluido uno de los ministros del gabinete, y la reacción sigue siendo de enorme cautela. Ninguno dijo que hay seguridad de que Lula pueda triunfar. No hay registros de que quien perdió en primera vuelta gane en la segunda. El debate tampoco parece haber resuelto ese dilema.Otro analista, Carlos Andreazza, sostiene que el intercambio de la noche del viernes no fue bueno para ninguno de los dos candidatos. En un texto previo había definido esta batalla electoral como “una partida en curso y abierta, pero con escaso margen para cambios capaces de transformar un escenario que parece inamovible. El panorama es de estabilidad. Un vuelco dependería de una combinación de acontecimientos excepcionales”.Explica que Lula no solo necesitaría reducir la abstención a niveles sin precedentes sumando un millón de votos adicionales en las urnas; “tendría que reconquistar, a aquel elector, que le apoyó en 2022 y que, a lo largo de cuatro años, se desplazó hacia Bolsonaro y otros candidatos situados (más o menos) a la derecha... y arrebatar votos, de manera efectiva, a su adversario. No es imposible.”
Elecciones en Brasil: Lula da Silva y Flávio Bolsonaro pelean voto a voto en un país partido en dos
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