El Papa pidió “reconocer al que piensa distinto” y abogó por “el cuidado de la palabra” en la vida pública

El Papa pidió “reconocer al que piensa distinto” y abogó por “el cuidado de la palabra” en la vida pública

Política, economía y espiritualidad se entrelazaron con inusual potencia en el primer mensaje de León XIV en tierra argentina. Dijo que “la economía debe estar al servicio de la persona, y no la persona al servicio de la economía”. Recordó con emoción la figura de Francisco. Y abogó por “el cuidado de la palabra” en la vida pública, “la búsqueda paciente de acuerdos” y la disposición a “reconocer a quien piensa de manera distinta”.En un discurso de lo más articulado y amplio, que quedará en la historia del arte de la diplomacia, equilibrado y diseñado al milímetro, el Papa dijo de todo. Pronunció párrafos que parecían tener el nombre y apellido de Javier Milei, presente en la ceremonia celebrada en el Palacio Libertad. Era el único invitado al escenario, sentado en un sillón blanco. Evitó, eso sí, mencionar de manera explícita la justicia social, concepto denostado por el Gobierno. “El crimen organizado, las redes de trata de personas, el tráfico de armas y drogas, así como la corrupción dañan la convivencia, alimentan la violencia y desvían recursos necesarios para el bien común”, sentenció ante el Presidente, su gabinete en pleno, autoridades legislativas, todos los gobernadores, los jueces de la Corte Suprema y el cuerpo diplomático. “Frente a estas realidades son indispensables la acción coordinada entre los Estados y la solidez de las instituciones. Esa solidez depende también de la integridad personal de quienes han recibido la responsabilidad de gobernar, pues la corrupción erosiona la confianza de los ciudadanos en sus instituciones”, añadió en su español neutro.Sin rugir, educado, pero determinado, León mostró así sus garras. El Papa León XIV, junto a Javier Milei en el Palacio LibertadCapturaHabía aterrizado a las 16.30 de este domingo en Aeroparque, donde lo recibió Milei al pie de un avión de Aerolíneas Argentinas proveniente de Montevideo, primera escala de su gira sudamericana. Después se dirigió a la Plaza San Martín, donde dejó una ofrenda floral en el monumento al Libertador, y se dirigió entonces a la Casa Rosada para reunirse a solas con el Presidente.Ya en el Palacio Libertad escuchó el breve discurso de bienvenida de Milei, en el que expresó su alegría por “ver a todo el arco político aquí”. Había dirigentes de los principales partidos, entre ellos rivales de él, como el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof. Consiguió aplausos unánimes cuando mencionó al papa Francisco.Javier Milei, en el Palacio LibertadDiez minutos después, a las 19:02, León XIV tomó la palabra con firmeza. Mencionó a su predecesor al principio y al final, tocó todos los temas cruciales de la actividad política -bien común, estar al servicio de todos-, de economía, sociedad , ética, medio ambiente, e incluso de política exterior. Los vinculó con la doctrina social de la Iglesia de varios papas anteriores (Juan Pablo II, Juan XXIII, Pablo VI). Consciente de la grieta que atraviesa la Argentina, país polarizado en forma exacerbada -razón por la que probablemente Francisco nunca llegó- y la alta sensibilidad del Gobierno, dejó en claro los defectos actuales del país. Sin nombrar por supuesto a nadie, diplomático, lanzó críticas subliminales a quienes tienen responsabilidades políticas. Destacó, al mismo tiempo, la historia, cultura, recursos naturales y humanos, la creatividad y el potencial del país. Nombró el “Martin Fierro” y a Borges; el tango y Gardel. No mencionó a la motosierra, pero sí aludió a la coyuntura actual, con los ajustes que afectaron jubilados y discapacitados, educación, cultura e investigación y al clima de agresividad que atraviesa la Argentina. E hizo un llamado a “constituir la unión nacional”, como indica el preámbulo de la Constitución.“La democracia se fortalece también en la manera cotidiana de actuar en la vida pública: en la disposición a escuchar, en el cuidado de la palabra, en la búsqueda paciente de acuerdos y en la capacidad de reconocer en quien piensa de manera distinta a un compatriota con quien se comparte un mismo destino”, fue acaso la frase que más impacto causó entre los asistentes. Los aplausos lo evidenciaron.Al comenzar su esperadísimo primer discurso dijo que venía “como Sucesor del apóstol Pedro y, por ello, como pastor”, para hablarle a todos los argentinos con el mensaje del Evangelio. La recepción a León XIV en las calles de Buenos Aires, poco después de la llegadaAndrew Medichini - Pool AP“Mi llegada a esta tierra tiene, para mí, un significado particular. Durante doce años, la Iglesia universal escuchó la voz de un Pontífice argentino que llevó consigo, en la memoria y en el corazón, los lugares, las personas y la fe que aquí recibió. Hoy, al sucederle en el ministerio petrino, recorro en cierto modo el camino inverso y vengo a la patria donde el Papa Francisco comenzó una historia que después habría de entrelazarse con la de toda la Iglesia”, leyó. Estallaron otra vez los aplausos unánimes ante la mención de Francisco.Elogió luego el origen diverso de quienes a lo largo del tiempo formaron la Argentina. Mencionó a los pueblos originarios “cuya presencia precede al nacimiento de la nación” y destacó a un “pueblo que ha sabido abrir sus puertas, hacer espacio a quien llegaba y conservar, aun en medio de momentos difíciles, una notable capacidad para levantarse y seguir hacia adelante”.“Recuerdos dolorosos”Aludió a los tiempos oscuros de la dictadura cuando recordó que “la historia guarda motivos de gratitud y también recuerdos dolorosos”. Habló de la herencia englobada en un patrimonio material y espiritual común y le dedicó un buen párrafo a la cultura. “Argentina ha sabido expresarse con una voz reconocible mucho más allá de sus fronteras: en el Martín Fierro de José Hernández; en las páginas de Jorge Luis Borges y de tantos escritores que han enriquecido la lengua española con acentos rioplatenses; en el tango, nacido del encuentro de barrios, puertos y procedencias diversas”, marcó. “De igual forma lo ha hecho en la música y las tradiciones del interior, en el teatro y también en gestos cotidianos tan sencillos como el mate compartido, que convierte una pausa en ocasión de conversación y cercanía”, añadió.La salida del Palacio Libertad, con los hermanos MileiMarina Espeche“En esa herencia se encuentra profundamente arraigada la fe cristiana. Su huella atraviesa la memoria de la nación y permanece viva en innumerables argentinos que han encontrado en el Evangelio una fuente de sentido, esperanza y fraternidad”, destacó luego. “Compartir una misma herencia exige también aprender a convivir, aun cuando existan diferencias de pensamiento”, siguió. A su juicio, “la historia enseña cuánto puede crecer un pueblo cuando sus diferencias se convierten en ocasión de diálogo y encuentro”. Las palabras retumbaron en el auditorio ante un silencio sepulcral: muchos pensaban en los insultos y agresiones verbales a las que se ha acostumbrado la Argentina.“A quienes han recibido responsabilidades públicas les corresponde una tarea especialmente exigente. La autoridad alcanza su sentido más alto cuando se ejerce como servicio, cuando sabe mirar más allá de lo inmediato y cuando pone sus capacidades al cuidado de aquello que pertenece a todos. Quien ejerce la autoridad tiene también el deber de actuar con prudencia, reconocer los límites del poder que le ha sido confiado y orientar sus decisiones hacia el bien de toda la comunidad”, destacó, citando a San Juan Pablo II. Evocó después conceptos claves de la doctrina social de la Iglesia: el bien común, la familia, célula básica de la sociedad, y el trabajo.“Esta tierra conoce bien el valor del esfuerzo de quienes se ganan la vida en el campo y en las ciudades, en los talleres, en las escuelas y en los hospitales; de quienes emprenden y de quienes cada día sostienen sus hogares”, puntualizó. “El trabajo permite a una persona sustentar a los suyos, desarrollar sus capacidades y saberse partícipe de la construcción de la patria”, agregó. Introdujo así la mirada económica: “Por eso, corresponde favorecer cuanto abra oportunidades, estimule la iniciativa privada y permita que el crecimiento alcance también a quienes encuentran mayores dificultades”. ¿Hablaba de los ajustes del gobierno libertario? “Pienso de manera particular en las familias que llevan sobre sí el peso de la incertidumbre, en quienes buscan trabajo, en los ancianos que han contribuido durante años a construir la sociedad y en quienes, aun trabajando, tienen dificultades para cubrir las necesidades de su hogar”, siguió, sin hacer nombres. Universidades y discapacidadTras subrayar que la Argentina tiene muchos recursos humanos, llamó a prestarle especial atención a los jóvenes: “Una nación debe preguntarse seriamente en qué ha fallado cuando sus jóvenes deben abandonar su tierra para realizar sus sueños”. Y habló de la importancia de “robustecer de manera particular la educación, la formación profesional, la universidad y la investigación”. En este marco, recordó que en tiempos pasados la Argentina era un país famoso por haber logrado extender la instrucción a sectores cada vez más amplios de la sociedad. En lo que pareció otra estocada, cuando se refirió a la dignidad y a la responsabilidad de recibir la vida desde sus primeros instantes y custodiarla hasta su término natural -como defiende el actual gobierno- enseguida advirtió que “la misma dignidad reclama especial atención en la enfermedad, la dependencia y la discapacidad”. Pidió, entonces: “Corresponde cuidar, aliviar el sufrimiento, acompañar y hacer sentir a cada persona que su vida conserva siempre un valor que ninguna circunstancia puede disminuir”. Difícil no ligarlo a los recortes en el área de discapacidad de la administración libertaria.En un discurso de tres carillas y media, pensado en los más mínimos detalles, también recordó la responsabilidad con respecto al cuidado de la tierra, sobre todo en la Argentina, “bendecida con una extraordinaria riqueza natural”. Auspició que “el aprovechamiento de estos recursos contribuya al bienestar de las comunidades y preserve las condiciones que hacen posible la vida y el trabajo en sus territorios”, lo que fue una cita a Benedicto XVI. Muchos pensaron en Vaca Muerta, el litio y demás riquezas del subsuelo cuyas ingentes ganancias quedan en pocas manos.Al hablar de los rápidos avances tecnológicos y de la Inteligencia Artificial (IA), planteó la necesidad de “una conciencia ética a su altura”.El Pontífice agustino como siempre habló de paz y en un párrafo que pareció aludir a la turbulenta política exterior actual, recordó que “los legítimos intereses de cada nación han de defenderse mediante el diálogo, el respeto al derecho y la búsqueda perseverante de acuerdos”.Finalmente, destacó que “durante siglos, la Iglesia ha acompañado a los pueblos del continente anunciando el Evangelio y celebrando la fe, educando, atendiendo a los enfermos, permaneciendo junto a los pobres, acompañando a las familias y promoviendo la paz y la reconciliación”. Eligió para el cierre una nota optimista. “Queridos argentinos: en sus manos descansa hoy una parte importante de esa responsabilidad. El extraordinario patrimonio que poseen les permite mirar el futuro con confianza. Corresponde ahora hacer fructificar cuanto han recibido y mantener vivo aquel propósito de ‘constituir la unión nacional’, proclamado en el Preámbulo de su Constitución”. Evocó a la Virgen de Luján, patrona del país y cerró su discurso con palabras que el Papa Francisco pronunció pensando los argentinos y difundió en un videomensaje del 30 de septiembre de 2016: “Que el Señor los haga crecer como pueblo”. “Se lo pido al Señor de corazón, por intercesión de María Santísima de Luján. Que ella siga velando por esta tierra, cuide de cada uno de sus hijos y los mantenga siempre cerca de Jesús. Que Dios bendiga a Argentina y a todos sus habitantes”, concluyó, después de 25 minutos de lectura, mientras estallaban aplausos de pie en el auditorio diverso del Palacio Libertad.Por Elisabetta PiquéTipo de trabajo:Noticia Original

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