Cuando una diva se enamoró de un arquero: el romance de Graciela Borges y Marcos “Anguila” Gutiérrez

Cuando una diva se enamoró de un arquero: el romance de Graciela Borges y Marcos “Anguila” Gutiérrez

A simple vista, Graciela Borges y Marcos “Anguila” Gutiérrez parecían pertenecer a universos completamente distintos. Ella era una de las actrices más prestigiosas del cine nacional, dueña de una carrera que atravesaba varias generaciones y de una elegancia que la había convertido en un símbolo del espectáculo. Él vivía un presente como uno de los arqueros más reconocidos del fútbol argentino de los años noventa, de personalidad frontal, sonrisa permanente y una aptitud física que lo transformó en figura.Cuando comenzaron a mostrarse juntos, a principios de 1997, muchos creyeron que se trataba de una relación pasajera alimentada por la curiosidad de la prensa. Sin embargo, el vínculo se consolidó durante casi tres años y estuvo marcado por viajes, proyectos compartidos, una convivencia alejada del ruido mediático y una complicidad que ambos siguieron recordando con afecto incluso mucho después de la separación.Graciela Borges en La chica del lunes (1967)La historia, sin embargo, había empezado bastante antes de la primera fotografía juntos. Para entonces, Graciela Borges ya ocupaba un lugar privilegiado en la cultura argentina. Había debutado siendo apenas una adolescente, cuando Leopoldo Torre Nilsson la eligió para participar en Una casa de ángeles. Aquel comienzo fue el punto de partida de una carrera extraordinaria que incluyó decenas de películas, trabajos en televisión y teatro y colaboraciones con algunos de los directores más importantes del país.Su nombre quedó asociado para siempre a títulos fundamentales como Crónica de una señora, La ciénaga, Pubis angelical, El dependiente y muchas otras producciones que la convirtieron en una referencia ineludible del cine argentino. Graciela siempre cultivó un perfil con un enorme interés por la literatura, el arte y la música. También se transformó en una entrevistadora muy apreciada en radio, donde desplegaba un estilo íntimo y relajado que permitía a sus invitados mostrarse de una manera diferente. Fue precisamente ese trabajo radial el que terminaría cambiando su vida sentimental.Tráiler de La ciénaga Mientras tanto, del otro lado aparecía un hombre que venía de un recorrido completamente distinto. Marcos Gutiérrez había nacido el 30 de septiembre de 1968 en San Salvador de Jujuy. Desde muy pequeño, el fútbol ocupó el centro de su vida. Comenzó atajando en equipos de su provincia hasta que sus condiciones llamaron la atención de los captadores de talentos y emprendió el camino hacia el profesionalismo.Su carrera despegó definitivamente en Huracán, donde se ganó un lugar entre los arqueros más destacados del campeonato argentino. Dueño de grandes reflejos, fuerte personalidad y una notable presencia física, rápidamente se convirtió en un jugador muy querido por los hinchas. Después llegarían los pasos por Newell’s Old Boys, Argentinos Juniors, Talleres de Córdoba, Olimpo, San Martín de Tucumán, más allá de unas experiencias por México (Toros Neza y Necaxa) y Chile (La Serena), siempre conservando la imagen de un arquero de temperamento, capaz de protagonizar actuaciones memorables.Su rendimiento hizo que integrara distintas preselecciones nacionales durante la década del noventa. Él mismo contó años después que llegó a creer que sería convocado para integrar el plantel argentino rumbo al Mundial de Estados Unidos 1994 que dirigía Alfio Basile como tercer arquero. La comunicación nunca llegó y esa terminó siendo una de las grandes frustraciones de su carrera deportiva. Algo parecido le sucedió cuando la selección de Daniel Passarella se preparaba para Francia 1998.Fuera de las canchas, sin embargo, había una confesión que pocos conocían. Desde siempre, Marcos sentía una gran admiración por Graciela. La consideraba una gran artista y una de las mujeres más bellas y elegantes de la Argentina.Durante años creyó que jamás tendría la oportunidad de conocerla. El destino, sin embargo, tenía preparado otro desenlace. A fines de 1996 fue invitado a participar en un programa de radio que conducía la propia Graciela. La entrevista transcurrió con absoluta naturalidad. Hablaron de fútbol, de cine, de la vida y de los sueños. La química fue inmediata.En la previa charlaron bastante porque él llegó con tiempo al estudio y Marcos le dio su teléfono. Luego se hablaron. Y lo que siguió fue un largo período de conversaciones telefónicas, casi diarias, durante varios meses. Sin la presión de las cámaras ni de los fotógrafos, fueron descubriendo afinidades inesperadas. Hablaban de cine, de viajes, de libros, de fútbol, de la infancia y también de las diferencias que existían entre sus mundos.Aquellas llamadas fueron construyendo una intimidad que ninguno de los dos había previsto. Cuando finalmente decidieron verse fuera del estudio de radio, el vínculo ya era mucho más profundo que una simple simpatía inicial. Sin proponérselo, la diva del cine argentino y el arquero que soñaba con llegar a la Selección estaban comenzando una de las historias de amor más comentadas de fines de los años noventa.La noticia no tardó en salir del ámbito privado. A comienzos de 1997, cuando empezaron a dejarse ver juntos en restaurantes y reuniones sociales, los fotógrafos de las revistas de espectáculos hicieron el resto. La imagen de Graciela Borges caminando del brazo de Marcos “Anguila” Gutiérrez ocupó portadas y programas de televisión. La sorpresa fue inmediata.Graciela respondió con la elegancia que la caracterizó durante toda su carrera. Evitó las polémicas y sostuvo que la diferencia de edad no definía la calidad de una relación. Lo importante, repetía en distintas entrevistas, era la admiración mutua, el respeto y el afecto que habían construido antes incluso de comenzar el noviazgo. Con la espontaneidad que lo distinguía, reconocía que durante años había considerado a Graciela una mujer inalcanzable y que todavía le resultaba difícil creer que aquella actriz a la que admiraba desde joven se hubiera convertido en su compañera. Ese reconocimiento público terminó acercándolos aún más a la gente. Lejos de buscar protagonismo mediático, procuraban proteger la intimidad del vínculo. No eran habituales las producciones fotográficas exclusivas ni las declaraciones grandilocuentes. Preferían que la relación transcurriera con la mayor normalidad posible, aun sabiendo que cada aparición conjunta despertaba interés.Con el paso de los meses comenzaron también los viajes. A ambos los unía una pasión por conocer nuevos lugares y por escapar, siempre que las obligaciones laborales lo permitían, de Buenos Aires. Compartieron estadías en distintos puntos del país y también en el exterior. Uno de los viajes que más recordó el exarquero fue el que realizaron al noroeste argentino, donde Graciela conoció a parte de su familia en Jujuy. Aquella visita tuvo un significado especial para Marcos, porque suponía integrar definitivamente a la actriz en su mundo más íntimo, muy diferente al ambiente artístico porteño en el que ella se movía con naturalidad.Graciela Borges comenzó a salir con Gutiérrez en 1997Ella también lo acompañó en distintos compromisos vinculados con el fútbol. Aunque nunca fue una habitué de las tribunas, entendía la importancia que el deporte tenía en la vida de su pareja y procuraba estar presente cuando el calendario y sus compromisos profesionales se lo permitían. Así consolidaron una relación que ya había superado la etapa inicial de fascinación mutua. Amigos de ambos recuerdan una pareja de hábitos sencillos, muy unida y poco inclinada a la vida nocturna. Disfrutaban de las reuniones con amigos, de largas sobremesas y de escapadas improvisadas siempre que encontraban algunos días libres.Marcos contaría años más tarde que una de las cualidades que más admiraba de Graciela era su enorme curiosidad intelectual. Le recomendaba libros, películas y música, mientras que él la acercaba a un universo muy distinto: el de los vestuarios, las concentraciones y el fútbol profesional. Esa diferencia de mundos, lejos de alejarlos, parecía enriquecer la relación.Mientras Graciela atravesaba una etapa de madurez artística, con nuevos proyectos cinematográficos y teatrales, Marcos seguía concentrado en una carrera deportiva exigente, marcada por cambios de club, entrenamientos diarios y frecuentes viajes. El arquero continuó desarrollando su trayectoria en el fútbol argentino y también en el exterior. Dueño de una personalidad extrovertida y muy apreciado por los hinchas de los clubes por los que pasó, atravesaba uno de los mejores momentos de su carrera.Sin embargo, el fútbol impone un ritmo difícil de compatibilizar con cualquier vida de pareja. Las concentraciones, los traslados y las obligaciones profesionales comenzaron a reducir el tiempo que podían compartir. A eso se sumaban los compromisos de Graciela, que continuaba filmando, actuando y realizando presentaciones en distintos puntos del país. Nunca existió un episodio puntual que explicara el final del romance. No hubo escándalos ni terceros en discordia. No hubo declaraciones agresivas. Simplemente, con el paso del tiempo, ambos comprendieron que sus proyectos personales comenzaban a recorrer caminos diferentes. Hacia comienzos del año 2000 decidieron poner fin a la convivencia y terminar la relación de común acuerdo.La separación llamó la atención precisamente porque ocurrió de una manera muy distinta a la que suele caracterizar a algunas parejas famosas. No hubo conflictos públicos. No se cruzaron reproches. Ninguno habló mal del otro. Por el contrario, ambos siguieron expresándose con un profundo cariño. Marcos reconocería años después que Graciela había sido una de las mujeres más importantes de su vida y que siempre le agradecería todo lo que habían compartido. La describió como una compañera excepcional, una mujer de enorme sensibilidad y alguien que lo ayudó a mirar la realidad desde otra perspectiva.Graciela, por su parte, tampoco ocultó el afecto que seguía sintiendo por él. En distintas entrevistas explicó que el amor podía transformarse sin desaparecer y que algunas personas ocupan un lugar permanente en la vida, aun cuando la relación sentimental haya terminado. Esa afirmación quedó confirmada varios años después. En 2013 fueron fotografiados compartiendo un almuerzo en un restaurante porteño. Las imágenes despertaron inmediatamente rumores sobre una posible reconciliación. La respuesta de ambos fue idéntica. Negaron cualquier regreso amoroso y explicaron que seguían siendo grandes amigos. El tiempo había transformado el romance en un vínculo basado en el afecto, el respeto y la gratitud mutua.Graciela Borges siguió ampliando una de las carreras más prestigiosas de la historia del cine argentinoGerardo ViercovichMientras tanto, sus caminos profesionales continuaron desarrollándose. Graciela Borges siguió ampliando una de las carreras más prestigiosas de la historia del cine argentino. Nuevas películas, reconocimientos nacionales e internacionales y el cariño inalterable del público consolidaron un legado artístico excepcional. Marcos Gutiérrez, ya retirado del fútbol profesional, encontró nuevos desafíos vinculados al deporte, la actividad empresarial y los medios de comunicación. Con frecuencia recordó su paso por Huracán, Newell’s y el resto de los clubes en los que dejó una huella, sin ocultar que una de las espinas de su carrera fue no haber llegado a debutar oficialmente con la Selección Argentina, pese a haber estado muy cerca de integrar el plantel en una de las etapas más competitivas para los arqueros nacionales.Quizá por eso, cada vez que el fútbol argentino vuelve a vivir un Mundial, su nombre reaparece en entrevistas y recuerdos de aquellos años noventa en los que era considerado uno de los jugadores con mayor proyección del país. Él nunca dejó de verla como la actriz que lo había deslumbrado desde joven. Ella encontró en aquel arquero jujeño una espontaneidad y una calidez que contrastaban con el ambiente sofisticado en el que había desarrollado gran parte de su vida. No fue un romance eterno. Duró apenas unos años. Pero tampoco fue una historia pasajera destinada únicamente a ocupar las portadas de las revistas.Fue una relación auténtica, nacida de largas conversaciones telefónicas antes que de los flashes, consolidada en la convivencia y terminada con una madurez poco frecuente en el mundo del espectáculo. Quizá por eso sigue despertando interés casi tres décadas después.El noviazgo terminó, pero el respeto permaneció intacto. Y ese, probablemente, sea el rasgo que mejor define una historia que unió a una de las grandes divas del cine argentino con un arquero que soñó con atajar para la Selección y terminó convirtiéndose, por un tiempo, en el compañero de vida de la mujer que había admirado desde siempre.CelebridadesGraciela BorgesRelaciones

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