Se mueve para acá, se mueve para allá. La Bombonera le da vida esa marca identitaria que dice que “no tiembla, late”. Boca está feliz porque todo parece en orden. Y esa sensación se adivina en los paraguas amarillos al aire, en el racimo de jugadores que salta y ríe y en el grito atronador que sacude los cuerpos de más de 50 mil feligreses. La naturaleza de las cosas se ve también en la caminata gacha de los otros, que se van otra vez derrotados del superclásico, como en mayo de locales y aquí mismo un año atrás. Tres triunfos de Boca seguidos ante River merecen un ranking: este figura encima de los otros. Porque tiene el valor de lo que está por venir. Es como el olor dulzón de la lluvia antes de que llegue: Boca es eso en este instante decisivo del año, la precuela de la película a punto de estrenarse. Si esto parece bueno, lo que está ahí nomás puede ser mucho mejor. El título de campeón de la liga depende de lograr un triunfo más aquí mismo, ante Defensa y Justicia. Y después pueden venir más festejos, razones suficientes para darle entidad a este muy justificado 1-0 ante un River más enojado que buen equipo.El cauce del partido se ordenó a partir de la expulsión de Martínez Quarta, que llegó recién cuando el VAR le señaló a Nicolás Ramírez lo que había visto todo el estadio, excepto él: que el defensor de River debía ser sancionado porque había abrazado a Merentiel para impedirle irse mano a mano contra Santiago Beltrán. Con un jugador menos, la tendencia inicial de River de jugar a esperar se transformó entonces en un mandamiento. Y Boca, que había estado cómodo con ese dibujo de partido desde el inicio, se hizo dueño total. Lo que pasara en adelante, o no, dependería del mayor o menor ritmo que decidieran emplear Paredes y los suyos en el trámite.Martínez Quarta toma de la cintura a Merentiel: sería expulsadoLUIS ROBAYO - AFPAntes de la roja que Silvio Trucco desde el VAR le recomendó mostrar a Ramírez, Boca ya había tenido una situación clara de gol cuando Blanco mandó un centro envenenado que Merentiel no alcanzó a impactar con fuerza. En el inicio de esa acción -corrían dos minutos- quedaron claras las cartas: Ascacíbar presionó una salida dubitativa de Andrada y le robó la pelota -ese era el plan de Boca-, lo que desencadenó el ataque. Una pintura de la tarde grisácea en la Bombonera, porque Boca dominó el juego desde el pie criterioso de Paredes, la sagacidad de Delgado para ubicarse siempre libre para recibir -fue la figura del partido- y la fe de Ascacíbar para ir y llegar desdoblado a posiciones de remate. Y tan marcada fue esa presión ganadora del mediocampo de Boca que la jugada del gol nació de una demora del joven Lucas Silva, al que el superclásico le quedó muy grande: de esa pérdida vino el ataque que derivó en córner, bien ejecutado por Villa y mejor resuelto por Di Lollo, que cabeceó con la comodidad, como si Rivero -su marcador- no estuviera encima suyo.Lautaro Di Lollo grita su gol de cara a la tribunaGonzalo Colini - La NaciónRiver no modificó su libreto con la desventaja. Ya Lucas Beltrán había dejado el campo para que ingresara Rivero inmediatamente después de la expulsión de Martínez Quarta. Sin su delantero de referencia, el Beltrán con guantes equivocó la estrategia de jugar largo cada saque de arco o jugada que quedaba en sus manos: Di Lollo y Herrera dominaban con suficiencia cada pelotazo. Y la rueda volvía a girar para el mismo lado: Boca tenía la pelota, River no salía del aturdimiento. Así, que al entretiempo hayan llegado apenas 1-0 fue una buena noticia para los visitantes, que no habían forzado siquiera un córner en toda la primera etapa. Después del gol, Boca tuvo en un cabezazo de Ascacíbar y un centro cruzado de Villa que desvió Rivero dos fotos de gol, que al final no se revelaron. River era las demoras de su arquero -insólito, con el resultado en contra-, la intrascendencia generalizada y los nervios de Acuña, que empujó a Paredes en el final del primer tiempo, lo que generó un tumulto general, zanjado con una amarilla a cada protagonista. Allí radicó lo peor del árbitro: no condujo el partido con seguridad, y esa sensación la olieron de entrada los caciques Paredes y Otamendi, que se le iban encima en cada interrupción.Antes del reinicio, Ponzio movió las fichas y quitó al atribulado Silva: ahora que el chico de 19 años quedará apuntado, conviene buscar en los despachos del club la responsabilidad del armado de un plantel desbalanceado incluso después del mercado de pases de los 70 millones de dólares, que obligó a presentar este armado en la Bombonera. En el banco, los volantes disponibles eran el uruguayo Arambarri -valió 6 millones de dólares, no figura en la consideración- y los sub 20 Juan Cruz Meza, Santiago Espíndola y Lautaro Pereyra. Las ausencias por lesiones de Moreno y Vera no son un aliciente: ninguno de los dos justificó todavía haber llegado al club en enero. El DT visitante probó con Andrada como volante central e invirtió los carriles de Galván (pasó a la derecha) y Almada (a la izquierda). Arruabarrena quitó a Herrera (entró Costa) para mantener un solo defensor central amonestado, Di Lollo. Paredes enfrenta a Ramírez, una constante de la tarde. Montiel no se queda atrásGonzalo Colini - La NaciónHubo un espasmo en el reinicio que pareció mostrar un leve cambio en la actitud de uno y otro. Pero fue eso apenas, porque Boca volvió a controlar el trámite enseguida y ya no lo soltó. River, cansado y dominado, dudaba en dar el paso al frente, porque sabía que de contraataque el local podía desatar el carnaval. Falló Villa en una corrida larga tras un error de Otamendi, pero la partitura se mantuvo. Igual que en mayo en el Monumental, la jerarquía del tridente Paredes-Delgado-Ascacíbar se impuso nítidamente, de principio a fin. El más joven de los tres terminó elevándose como jugador más determinante de la tarde. Se adueñó de la escena también simbólicamente: cuando salió Paredes, ya en el final, ocupó la posición central de la cancha y los aplausos lo bañaron.River se fue entregando entre la impotencia y las protestas al árbitro. Ramírez decidió echar a Montiel tras una entrada a destiempo a Blanco, una jugada que quedará en la lista de las discutibles: podría haberlo amonestado nada más. A favor del juez: el cruce, a esa velocidad, le dio más espectacularidad a la patada y la caída. Los visitantes, enardecidos, protestaron porque el árbitro no había aplicado el mismo criterio cuando Blanco impactó a Andrada (le sacó amarilla) y Paredes, a Galván, en dos jugadas anteriores. Para LA NACION, en esas dos jugadas el árbitro estuvo correcto.Montiel se señala el escudo y mira a la gente de Boca, mientras se va, expulsadoManuel CortinaMás que por Ramírez, River debería preguntarse por su falta de nivel para gestionar un partido de tan alta demanda. Thiago Almada, llamado a ser la figura del plantel, se fue reemplazado cuando faltaban todavía 20 minutos; Otamendi no dominó nunca el juego aéreo; Correa, muy solo, nunca pudo imponer su gambeta; Montiel y Acuña no generaron una buena jugada. Los campeones del mundo hasta aquí lucieron más para una campaña de marketing que para llevar a River un lugar deseado: el regreso a la Copa Libertadores, que ahora dependerá de ganar el Clausura, una arremetida que hoy se ve improbable.Boca se quedó un largo rato celebrando en una Bombonera feliz e ilusionada. Se activó el cancionero de las grandes ocasiones para que los jugadores, de cara a la cabecera históricamente local, derrochara felicidad. Y sobre todo ilusión: ahora sí, el primer título de la era Riquelme parece al alcance de la mano. En este mismo escenario y ante Defensa y Justicia podrá llegar esa vuelta olímpica.Por Andrés Eliceche
Boca vive feliz: le gana siempre a este River nervioso, la Bombonera disfruta y se imagina que lo mejor está por venir
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