A 80 km de la ciudad: El histórico palacete donde comieron Sarmiento y Dardo Rocha convertido en bodegón

A 80 km de la ciudad: El histórico palacete donde comieron Sarmiento y Dardo Rocha convertido en bodegón

Si el plan es relajarse, respirar aire de campo y comer unas inmejorables empanadas criollas, no es necesario viajar demasiado. A apenas 80 kilómetros de la ciudad, en Capilla del Señor, un pueblo de casas bajas y veredas sombreadas por naranjos y paraísos, se encuentra El Mirador, el bodegón más antiguo de la región.A pocas cuadras de la plaza central, en el corazón del pueblo, se alza este icónico edificio de 1862, con su cúpula revestida de mayólicas francesas. Fue la construcción más alta de la localidad hasta 1866, cuando se inauguró la nueva iglesia. Desde ese mirador se divisaban entonces las huertas de los alrededores, los montes bajos naturales y una llanura ondulada en la que aún no predominaba la actividad agrícola.Federico Argüello convirtió el antiguo bar en un bodegón de cocina casera, conservando su rico patrimonio Hoy el paisaje es distinto. Capilla del Señor, cabecera del partido de Exaltación de la Cruz, creció sin perder su tranquilidad pueblerina. Del mismo modo, El Mirador dejó de ser el escenario de las tertulias políticas de fines del siglo XIX, aunque las huellas del pasado siguen presentes. De tertulias políticas a bodegón familiarEsa historia fue uno de los motivos que llevaron a Federico Argüello, actual dueño del bodegón, a elegir esta casona para desarrollar su emprendimiento gastronómico.“De El Mirador me cautivaron su belleza y su historia”, cuenta Federico. Acá, el pasado se manifiesta en las paredes, en los postigos de las ventanas y en los objetos. Argüello resumió la larga historia del lugar en un folleto que distribuye en las mesas junto con la carta. Lo que más fascina a los clientes es el origen romántico de la casona.La milanesa “pizzanesa” con papas fritas o batatas es uno de sus platos estrellaSegún la tradición oral, la construcción fue producto de un amor a primera vista entre Enrique Lamarque, un francés que viajaba desde Nantes para ejercer como sacerdote, y María Jáuregui, una joven perteneciente a una familia de hacendados. El flechazo fue tan inmediato que Lamarque abandonó su vocación religiosa y decidió casarse. Como regalo de bodas convocó a los hermanos Fontan, considerados los mejores constructores de la región, para levantar este palacete para su amada.El mirador coronado por una veleta fue un pedido especial de María: quería distinguir a la distancia la llegada de su esposo cuando una nube de polvo sobre el camino de tierra anunciara su regreso.Los fines de semana se llena el salón principal y suele haber música en vivoArgüello alquiló el inmueble a descendientes de los fundadores y, desde que se hizo cargo, se propuso conservar sus características originales.“Si bien le agregué algunos toques personales, como cuadros de artistas locales y vitrales realizados por mi madre, esos detalles no modifican lo esencial”, explica. Se refiere a su aire de casa familiar, que luego se convirtió en almacén, fue hotel, casino y sede de tertulias cívicas. Los arcos, las vigas envejecidas de madera oscura que cruzan el techo de ladrillo, la vitrola, el teléfono antiguo y los relojes siguen casi intactos.Las empanadas fritas de carne, jamón y queso o fugazzeta son imperdiblesLa casona está dividida entre un amplio salón en la planta baja, que en distintos momentos funcionó como almacén, sala de juegos y espacio de reuniones, y una planta alta con habitaciones destinadas originalmente al alojamiento. El salón principal, que supo recibir a figuras como Domingo Faustino Sarmiento y Dardo Rocha, hoy es el espacio donde funciona el restaurante, repleto durante los fines de semana.Comer como en casa“Aunque no estoy a cargo de la cocina —señala Federico—, tengo dos cocineras excelentes que nos acompañan desde que abrimos, en 2018. Yo me ocupo de las compras y sigo de cerca la elaboración y presentación de los platos. Cuando mi mamá vivía se involucraba mucho en lo que pasaba en El Mirador: probaba la comida, hablaba con la gente y después me contaba qué opinaban. De ella aprendí muchísimo. Gran parte de los platos que hoy servimos son los que se comían en casa.”Para empezar, se recomiendan las empanadas fritas de carne, jamón y queso o fugazzeta. Las reseñas coinciden en que son imperdibles.Vigas centenarias, ladrillos a la vista y objetos de época conservan la atmósfera de una casa atravesada por más de 160 años de historia.Otra posibilidad es la picada completa, con variedad de quesos, paté, bondiola, salame, salamín, lomito ahumado, jamón crudo, jamón cocido y aceitunas. También está la tabla caliente, que incluye milanesa de carne y de pollo, chorizo, aros de cebolla, croquetas de verduras y albóndigas. Los más jóvenes suelen inclinarse por las papas o nachos con cheddar, verdeo y panceta, o por las hamburguesas con rúcula, tomate y queso. También hay opciones vegetarianas.Entre los platos principales, uno de los más pedidos es la milanesa “pizzanesa” con papas fritas o batatas. Las pizzanesas de muzzarella o roquefort y las fugazzetas, cubiertas con abundante queso y cebolla, también son ideales para compartir.Las hamburguesas tienen muy buena reputaciónLas pastas ocupan otro lugar destacado en la carta: “aquí se amasa con harina de primera calidad y las salsas son caseras. Todo se elabora en el día, hasta las papas fritas”, afirma Federico. Lo que más sale son los raviolones rellenos, los tallarines con bolognesa o estofado, los sorrentinos de jamón y queso y los canelones.Para el cierre, sería una pena no probar el postre estrella de la casa: el flan casero con crema. El budín de pan y el panqueque quemado al rhum también tienen muy buena reputación.“Cuando inauguré El Mirador era poco más que un bar nocturno. Vendíamos hamburguesas, pizzas y cerveza tirada. Tenía un amigo como socio. Abríamos de noche y cerrábamos de madrugada. Luego llegó la pandemia: fue un momento de crisis y también de reflexión. Mi socio se fue a Europa y yo quedé solo a cargo del negocio. Podía haber bajado la persiana, como les ocurrió a tantos emprendedores, pero decidí seguir adelante. Fui incorporando platos, ampliando la carta y le pedí a mi sobrino Nacho que me acompañara. Así, poco a poco, el bar se transformó en el restaurante bodegón que es hoy”, cuenta Argüello.El menú es muy sencillo, con aire de cocina caseraEntre estas paredes se realizaron tertulias a las que asistieron figuras como Domingo Faustino Sarmiento y Dardo Rocha.Los fines de semana el lugar se llena tanto de vecinos como de visitantes que llegan desde Buenos Aires. “Muchos nos conocieron por recomendación y hoy son habitués. Vuelven por la calidad de la comida, pero también por el encanto de saborear un buen estofado o unas empanadas fritas en el palacete que un francés enamorado mandó construir para su esposa hace más de un siglo y medio”, explica.Una vuelta por CapillaAntes o después de comer en El Mirador, vale la pena recorrer Capilla del Señor. El pueblo se desarrolló alrededor de una capilla desde mediados del siglo XVIII y creció al ritmo de la actividad agropecuaria. Allí se asentaron importantes corrientes migratorias, especialmente de origen irlandés y francés.Estación de Capilla del SeñorMario CherruttiDe la influencia gala quedan joyas como el Museo del Periodismo Bonaerense y la imprenta llegada desde París con la que se editó El Monitor de la Campaña, considerado el primer periódico rural de la provincia de Buenos Aires. Dirigido por un ingeniero francés, llegó a distribuirse en más de 35 localidades de la región.Capilla del Señor también ofrece un corredor verde que acompaña el Arroyo de la Cruz. Allí se desarrolla un paseo ribereño de unos tres kilómetros donde pueden observarse más de cincuenta especies de aves.El escritorio de Félix Luna, célebre periodista capillero, en el Museo del Periodismo.Mario CherruttiPara quienes buscan una experiencia diferente, existe además la posibilidad de realizar vuelos en globo aerostático al atardecer y contemplar desde el aire los campos, las estancias y el casco histórico del pueblo. Entre los techos sobresale El Mirador, con su característica veleta recortada contra el cielo.Datos útilesPor Cristina Noble

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